CONSEJOS

¿Qué le ocurre a tu cuerpo antes, durante y después de correr?

Correr es un ejercicio realmente simple a primera vista, pero implica una serie de cambios en nuestro organismo que deberíamos conocer.

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Ultra-Trail Guara Somontano 2022
Ultra-Trail Guara Somontano 2022   José Miguel Muñoz

Es poner un pie delante del otro. Así cientos, miles de veces, hasta que hayamos llegado a nuestro destino. Así de sencillo se podría explicar el hecho de correr por la montaña, pero lo cierto es que a nivel corporal, nuestro organismo sufre una retahíla de cambios que es interesante conocer para saber de dónde vienen esas sensaciones universales que sentimos al correr.

Antes de correr

Antes de comenzar a correr, nuestro cuerpo está en reposo. Eso indica que nuestro corazón late a un ritmo normal, de entre 60 y 70 pulsaciones por minuto, algo que depende de muchos factores que no entraremos a desglosar aquí. Nuestra musculatura está a una temperatura habitual, que ronda los 36 grados centígrados.

Esto comienza a cambiar cuando comenzamos el ritual obligatorio antes de correr: el calentamiento. El calentamiento busca precisamente ir poniendo a nuestro cuerpo en alerta para que vaya activando los mecanismos necesarios para comenzar una actividad deportiva mínimamente exigente.

La temperatura corporal comienza a aumentar levemente, así como el ritmo cardiaco, que va subiendo poco a poco para conseguir oxigenar a nuestros músculos más exigidos. Las articulaciones se mueven y, de esta forma, se “engrasan” con un líquido lubricante. Asimismo, nuestros tendones y ligamentos también ganan temperatura, y con ella más elasticidad y flexibilidad. También comienza a acelerarse nuestro ritmo respiratorio y el cuerpo ya se encuentra dispuesto para comenzar a correr.

Mientras corremos

Los síntomas del calentamiento se acentúan a la enésima potencia. El ritmo cardiaco suele subir a más del 70% de nuestro máximo, para poder mandar oxígeno a todo nuestro cuerpo. La musculatura, por su parte, emite sustancias químicas que luego servirán para su posterior desarrollo, así como para la metabolización de las grasas.

Asimismo, el corazón, que está trabajando a un alto rendimiento, es capaz de aumentar el volumen sistólico, de los 6 litros en reposo hasta los 17 que puede llegar a mover en pleno ejercicio. Nuestros pulmones, junto al corazón, son nuestros órganos más exigidos, ya que pueden llegar a mover hasta un 40% más de oxígeno que cuando estamos en reposo.

A nivel celular, el oxígeno consumido comienza a convertirse en desechos, en forma de CO2, mientras que el glucógeno muscular que gastamos se convierte en ácido láctico, uno de los máximos responsables de la sensación de fatiga muscular. También comenzamos a sudar, un mecanismo de protección del cuerpo para evitar subidas de temperatura que comprometan su estabilidad.

Y por último, el cerebro también comienza a liberar las famosas endorfinas, unos neurotransmisores responsables, no sólo de la futura sensación de bienestar que embarga tu cuerpo al finalizar el entrenamiento, conocida como euforia del corredor, sino de paliar el dolor muscular mientras corremos. Esto ocurre porque los músculos envían una proteína (IGF-1) al cerebro, que es una señal de alarma. Para paliar los efectos negativos, el cerebro libera sustancias químicas que protegen a las células nerviosas de daños, las impulsan a crecer, a multiplicarse, a fortalecer las conexiones entre neuronas y otras células nerviosas y a crear nuevas conexiones.

Después de correr

A nivel sanguíneo, nuestra sangre tendrá un mayor número de neutrófilos, un glóbulo blanco que está íntimamente ligado a la protección de nuestro organismo contra posibles infecciones. Eso sí, también se registran bajas en el nivel de linfocitos, que también son esenciales en la lucha contra las infecciones. Y, como es de esperar, aumenta el nivel de oxígeno en sangre, conocido como el hematocrito.

Como nuestros músculos son capaces de consumir el azúcar presente en nuestro riego sanguíneo, nuestra sangre tiene unos niveles más bajos de azúcar, lo cual es positivo para que nuestro páncreas tenga que producir menos insulina para mantener el nivel glucémico bajo control, bajando la posibilidad de sufrir diabetes en el futuro.

Asimismo, aumenta la presencia de la creatina quinasa, que es la sustancia que se encarga de reparar el daño muscular, de forma que podamos recuperarnos del desgate muscular sufrido. También aumentan los niveles de aspartato aminostransferasa, debido al daño sufrido por nuestros tejidos.

Nuestros pulmones van volviendo a sus niveles de movimiento de oxígeno normales y nuestro corazón comienza a bajar el nivel de pulsaciones de forma progresiva, hasta regresar a niveles normales.

Pero sin duda, los cambios más interesantes se producen a nivel cerebral. Nuestro cerebro, al acabar de correr, está inundado por la endorfinas, lo cual nos otorga una agradable sensación de bienestar general que se va ampliando y generalizando si el ejercicio lo realizamos de manera continuada en el tiempo.

Además, este cóctel de sustancias químicas produce otros efectos en nuestro cuerpo, como la reducción de la grasa corporal, mejora del desarrollo corporal, aumento del rendimiento o aumento de los niveles de atención y concentración, por lo que correr es una buena opción para estudiantes. Incluso hay estudios que relacionan el ejercicio aeróbico con mejoras del aprendizaje en niños.


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