Importante entrenar como descansar

El arte de descansar: la otra cara del entrenamiento en montaña

Reivindicar el descanso como parte del entrenamiento es clave, tal y como señala Virginia Pérez Mesonero, para proteger cuerpo y mente sin caer en la culpa.

Foto: Luke Webster
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En nuestro deporte, solemos asociar el progreso con sumar kilómetros, desnivel y entrenamientos exigentes. Sin embargo, existe un aspecto igual de importante que a menudo se pasa por alto: el descanso. Saber parar es tan necesario como saber entrenar. ¿Aplicamos bien esta pauta?

La ciencia del descanso

El descanso no es un vacío en el entrenamiento, sino el momento en que se producen las principales adaptaciones. Durante el sueño profundo y los días de pausa:

  • Aumenta la síntesis de proteínas musculares, reparando las fibras dañadas por el esfuerzo.
  • Se recuperan los depósitos de glucógeno en músculos e hígado, esenciales para rendir en sesiones intensas.
  • Se libera más hormona del crecimiento (GH), fundamental en la regeneración de tejidos y en la mejora de la fuerza.
  • Disminuye el cortisol, la hormona del estrés, favoreciendo el equilibrio hormonal y reduciendo la inflamación.
  • El sistema nervioso central se “reinicia”, permitiendo volver a activar con eficiencia la musculatura y mejorar la coordinación.

Sin este proceso fisiológico, el entrenamiento no se asimila. La carga sin descanso no produce mejora: produce desgaste.

Es muy importante un buen descanso a lo largo de la semana, entre meso y macro ciclos, que nos haga llegar de forma idónea a los momentos álgidos de la temporada, sobre todo, llegar preparados y con el cien por cien de nuestro cuerpo y mente, a tono para la competición.

Jornet durante un descanso. Foto: Nick Danielson

El descanso también es entrenamiento

Durante el reposo es cuando el cuerpo se regenera y se producen las adaptaciones fisiológicas que nos hacen más fuertes: reparación de micro lesiones musculares, refuerzo de los tendones y ligamentos, recuperación de depósitos de glucógeno, regulación hormonal y fortalecimiento del sistema inmune. Solo en el descanso se consolidan los cambios morfológicos que buscamos con cada entrenamiento.

En el plano psicológico, descansar nos devuelve la motivación y la capacidad de “sufrir con ganas” en los entrenamientos. Sin pausas, la mente se resiente, cuesta exponerse a las series o a los rodajes largos, y se instala un cansancio generalizado que no favorece el rendimiento.

El mito del “entrenar más es mejor”

Muchas personas creen que entrenar más horas traerá mejores resultados, o que un día sin actividad hará que “engorden” o pierdan forma. Nada más lejos de la realidad: un día no hace un hábito, y el descanso no solo no resta, sino que suma. El cuerpo no distingue entre esfuerzo físico y falta de recuperación: si no paras, te obligará a hacerlo, ya sea mediante una lesión o un burnout.

Señales de alarma

  • No disfrutar de los entrenamientos.
  • Pérdida de motivación.
  • Dificultad para exponerse al esfuerzo intenso.
  • Dolores persistentes o lesiones recurrentes.
  • Imposibilidad de descansar: si cada día libre genera ansiedad o culpa, puede ser señal de un problema psicológico de fondo. A veces incluso esconde un trastorno de la conducta alimentaria (TCA), donde la necesidad de moverse no responde al rendimiento deportivo, sino a la relación con el cuerpo y la comida.

Todas son pistas de que el descanso no está siendo suficiente, e incluso, nos lleva a pensar que necesitaremos ayuda psicológica y asesoramiento nutricional.

Descansar también es vivir

El deporte es una parte importante de la vida, pero no debe ser la única. Si incluso en los días de descanso buscamos entrenar, corremos el riesgo de que nuestra identidad se reduzca solo a correr. El descanso es la oportunidad de dedicar tiempo a otras facetas: leer, compartir tiempo con la familia, dibujar, jugar al ajedrez (cada uno con las que más disfrute)… actividades que enriquecen y ayudan a mantener el equilibrio.

Además, esas actividades tienen un efecto positivo: ayudan a desconectar, reducen la presión mental y nos permiten volver a los entrenamientos con ganas renovadas. El cuerpo agradece el descanso, pero la mente aún más: después de parar, suele surgir un entusiasmo fresco por volver a ponerse unas zapatillas y continuar hacia nuestro siguiente objetivo en el calendario.

Conclusión

Descansar no significa retroceder, significa avanzar con inteligencia. Entrenar sin descanso no es sostenible ni física ni mentalmente. El verdadero corredor por montaña no es el que más kilómetros acumula, sino el que sabe escuchar su cuerpo, parar a tiempo y dar al descanso el lugar que merece en su plan de entrenamiento.

Si necesitas planificar tu temporada visita: https://virginiaperezmesonero.es/entrenamientos-y-nutricion/

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