SEGURIDAD Y SALUD

Consejos para afrontar una caída en la montaña

Correr por la montaña es un deporte en el que existe el riesgo; uno de los más normales es sufrir una caída, con la que podemos sufrir distintas consecuencias, desde una simple magulladura a una herida sangrante o fractura. ¿Sabes cómo reaccionar?

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La atleta Lizzy Hawker del equipo North Face en Chamonix.
La atleta Lizzy Hawker del equipo North Face en Chamonix.

Quién esté libre de pecado que tire la primera piedra. Parafraseando esta sentencia bíblica y trasladándola a esto de correr por montaña, podríamos decir que quién esté libre de haberse caído, que tire la primera piedra. Y es que caerse mientras corremos por el monte es imposible de evitar.

Por suerte, la gran parte de las caídas no conllevan grandes consecuencias para el accidentado, más allá de unos rascazos o alguna herida superficial, que con un poco de tratamiento al llegar a casa estará prácticamente olvidada. Pero no siempre se tiene la suerte de cara y en ocasiones una caída en la montaña puede conllevar consecuencias más serias y poner en peligro la integridad del accidentado, sobre todo si este está corriendo solo.

Lo más habitual de una caída es darse un golpe contra el suelo; dependiendo de la velocidad o el tipo de terreno, el golpe será más o menos duro; lo más normal es que te golpees alguna zona expuesta, como rodillas, codos o brazos. Esto te provocará una pequeña hinchazón en la zona, en cuyo caso será el nivel de dolor el que te deje o no seguir corriendo. Si la hinchazón o el dolor por la caída siguen creciendo, lo mejor es que lo dejes y des el entrenamiento por terminado. Un poco de hielo al llegar a casa debería bastar para este tipo de contusiones.

El problema suele venir dado si el golpe se origina en la zona abdominal o pectoral, en cuyo caso podríamos haber dañado algún órgano, aunque sólo si la caída ha sido realmente dura. La dificultad al respirar puede ser un indicativo de la gravedad de la caída. Si es el caso, intenta regresar a casa de forma muy pausada y tranquila. Si el dolor en esa zona es insoportable, intenta buscar ayuda o utiliza tu teléfono móvil.

Otra de las típicas consecuencias de una caída es hacerse alguna herida de la que brote sangre; si sólo afecta a la zona capilar, brotará poca sangre. En este caso, no debemos preocuparnos, debemos dejar que sangre a menos que estemos cerca de una corriente de agua limpia, en cuyo caso limpiaremos la herida. Acto seguido, podremos seguir corriendo sin problema y al llegar a casa tendremos que tratar la herida con agua oxigenada o similares para evitar una posible infección.

Si la herida alcanza una vena, entonces el sangrado será más profuso y la pérdida de sangre, por consiguiente, mucho mayor. Lo normal es que una herida de este tipo te obligue a parar de correr para poder controlar el sangrado. Intenta presionar la herida con la mano hasta que deje de sangrar. Acto seguido, lo ideal es que des el entrenamiento por acabado y vayas a casa para seguir tratando la herida.

El caso más grave es si la caída nos ha provocado un daño en alguna arteria, en cuyo caso la sangre saldrá en grandes cantidades. Lo que debes hacer es utilizar alguna prenda que tengas a mano para intentar envolver la herida firmemente, aplicando también presión con la mano para evitar al máximo la pérdida de sangre. Una vez hayas controlado mínimamente la situación, acude a buscar ayuda al punto más cercano para que traten tu herida en un centro médico.

Aunque sea menos probable, también es posible llegar a clavarse algún objeto, sobre todo ramas de árbol. Las piernas, el abdomen e incluso los ojos son zonas muy expuestas. Lo primordial en este caso es NO sacarse el objeto clavado, pero sí intentar romperlo por la zona más cercana al cuerpo que puedas. También puedes colocar algo de ropa alrededor del objeto para que este no se mueva. Acto seguido, busca ayuda o utiliza tu teléfono móvil para que te socorran.

Por último, entre las lesiones más comunes que pueden derivar de una caída son las dislocaciones, esguinces o incluso fracturas. Si es un pequeño esguince, lo normal es que puedas caminar hasta algún lugar donde te puedan ayudar o incluso llegar a casa andando. Pero si el caso es una dislocación o fractura, la cosa se pone seria.

Si crees que puedes tener un hueso roto, intenta inmovilizar las articulaciones de sus extremos. No debes intentar colocar el hueso por tu cuenta, ya que puedes hacer un gran destrozo en tus músculos, nervios o vasos sanguíneos. La prioridad es inmovilizar el hueso roto, ponerlo en una situación más o menos cómoda, y buscar ayuda. Si el hueso ha atravesado la piel, intenta tratar la herida según hemos explicado antes, aunque si puedes buscar ayuda lo antes posible, lo mejor es dejárselo a los médicos


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