Rob Krar, correr para dejar atrás a la tristeza

El canadiense, reciente ganador de Leadville 100, afrontó una depresión de la que salió haciendo del trail running su válvula de escape. Con un impresionante palmarés en el que destacan dos Western States, viajará a Europa para luchar por la CCC.

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Rob Krar a su entranda en primer lugar en Leadville 100 2018
Rob Krar a su entranda en primer lugar en Leadville 100 2018   Marcus Cook
El pasado sábado Rob Krar se impuso en las 100 millas de Leadville (Colorado), una de las ultras más prestigiosas de Estados Unidos. Lo hizo con rotundidad, sacando una hora al resto de corredores y rebajando en más de 18 minutos su mejor marca personal, establecida en su victoria de 2014. “Regresar a Leadville cuatro años después fue definitivamente una experiencia mágica. En aquel momento fue la carrera más difícil que había hecho, así que quería volver para tener una experiencia más amistosa”, explicó a la web americana de Runner’s World. Este contundente triunfo, que llega una semana después de terminar el 14º en una carrera de bicicleta de montaña con el mismo recorrido, ha devuelto al candelero al ultrarunner norteamericano, capaz de ganar, entre otras, la Western States en dos ocasiones (2014 y 2015).

Una vida “perfecta”

Detrás su exitosa imagen, su cuerpo fibroso y su densa barba, el canadiense nunca ha escondido sus problemas personales. De hecho, si ahora mismo es un laureado corredor por montaña es, en parte, gracias a una depresión en la que estuvo sumido allá por 2012. Rob Krar fue un niño que creció conectado con la naturaleza. Cerca de su casa en Ontario pudo practicar desde muy pronto deportes como el kayak o el esquí de fondo. También disfrutó del  bádminton, el waterpolo, e incluso llegó a representar en dos ocasiones a su país en el Campeonato del Mundo de triatlón. Focalizado en la rendimiento y siguiendo la estela de su padre y hermano mayor, se centró en el cros y las medias distancias de asfalto, al tiempo que se formaba como farmacéutico. Nada se le ponía por delante: se graduó, consiguió un buen trabajo en Flagstaff (Arizona) y eligió un turno de noches para poder tener los días para entrenar. Pero llegaron los problemas. En 2009 fue diagnosticado con la enfermedad de Haglund, la misma que ha pasado Manu Merillas, requiriendo cirugía y un parón de dos años. Poco a poco la cómoda vida de boticario de bata blanca que despachaba medicamentos detrás del mostrador de una farmacia se tornó un infierno y no sabía por qué. Tardó meses en asumir que padecía una enfermedad mental, pero fue capaz de poner en marcha una hábil estrategia basada en correr para escapar de ese agujero negro.

Una interesante vía de escape

Cambió el asfalto por la montaña, con notables beneficios. A nivel físico, el ritmo más suave y la superficie menos agresiva le permitían correr durante más tiempo sin dañarse. Y a nivel emocional, los imponentes paisajes del Gran Cañón del Colorado, cercanos a su residencia en Flagstaff (Arizona), le motivaban a salir a correr más y más. “Estar en las profundidades del cañón significa sentir la presencia y el poder de una entidad viviente que respira. He estado solo en ese lugar vasto e imponente durante muchas horas y es una experiencia reflexiva y meditativa que me ayudó a realinear mis prioridades y comprender más claramente el camino que tengo por delante”, explica en su página web. Así llegó, unos años más tarde, el periodo más prolífico para el atleta con sus sendas victorias en la WS100, pero también con triunfos en otras importantes como la Endurance Challenge California en 2013, Leadville y Run Rabbit Run en 2014, o su segundo puesto en la Transvulcania de 2015, su única gran carrera en Europa hasta la fecha. ¿Cómo había conseguido remontar hasta conseguir un rendimiento y una motivación tan excelsos? “Corriendo cambio el estrés por sentirme en paz”, nos explicaba en una entrevista en aquellas fechas. Su nueva filosofía de entrenamiento, con mayor énfasis en el descanso y la recuperación, y una planificación más sosegada le ayudaron a continuar con un aprendizaje claro: la enfermedad mental tiene bastantes similitudes con la larga distancia, en ambas existen momentos difíciles en lo que lo más importante es seguir adelante. Y en esa lucha, que es de por vida, continúa a sus 41 años. En los dos últimos años alejado de las grandes pruebas y probándose en nuevos deportes como el esquí de montaña, participando en la última Pierra Menta, o la bicicleta de montaña con la que una semana antes de ganar la Leadville 100 fue 14º en una prueba rodada sobre el mismo recorrido. Este año, por fin, volveremos a verle por Europa. Será en la CCC, en la que se medirá a Pau Capell o Crístofer Clemente, entre otros, donde espera confirmar su resurgimiento. “En este tiempo ha habido récords, triunfos, trofeos y elogios, y aunque todo eso es difícil de conseguir, he obtenido más cosas en mis actividades atléticas. Competir en los niveles más altos de ultrarunning me ha ofrecido una plataforma para el activismo, una vía para entender y lidiar con la depresión, la oportunidad de conectarme con mi compañera de vida y la oportunidad de construir una comunidad”.

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