“Fracaso”, la crónica personal de Anton Krupicka y su retirada de la Nolan’s 14

En el blog de su patrocinador, Ultimate Direction, el corredor de Nebraska nos sorprende con un relato personal de los hechos que le obligaron a abandonar el que era su gran proyecto personal del año, demostrando que hasta los mejores del mundo tienen días malos y son humanos.

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Tony Krupicka
Tony Krupicka

“Cuando salí de la Leadville Fich Hatchery a las dos de la mañana del pasado lunes, para tratar de completar la ruta Nolan’s 14, pensé que tendría una historia más larga e interesante que contar sobre este reto que lo que tengo que contar realmente sobre lo que me sucedió. Acortando, empecé estúpidamente temprano, y me sentía muy mal cuando apenas iba por el segundo pico, tras que seguí corriendo más de 10 horas y ascendiendo cuatro picos más, pero en lugar de que la situación mejorara, no dejó de empeorar hasta mi abandono en el Mt Belford.

El pasado verano ya realicé tareas de reconocimiento y recorrí tres grandes pedazos de la ruta. Este año estuve más de un mes reconociendo diferentes tramos, escalando uno de los cuatromiles por día y completando la ruta por completo dividiéndola en tres días, por lo que me sentía tan en forma y preparado como nunca lo haya estado, incluso más que el año pasado, si veo los tiempos de las ascensiones.

Esta acumulación de experiencia en la ruta me llevó a tener unas grandes expectaciones personales de lo que allí podía lograr. Es propio de la naturaleza humana. Cada salida larga que realicé sobre esta ruta fue muy bien, incluso cuando completé cinco de los picos de la zona norte, auténticos monstruos. Aquel día, alcancé la cima del Missouri en 10h33’ y a 45 minutos de hacer cima en otros dos picos, pero no pude por una violenta tormenta eléctrica que me sorprendió. No tuve secuelas físicas, pero sí que estaba molesto por tener que bajar por las condiciones del tiempo.

Con todo esto, además de que en las pasadas seis semanas me encontré mejor que nunca en pasos a gran altitud, me causó que me planteara la ambiciosa –otros dirían arrogante- meta de completar la ruta entera en 30 horas, cuando los intentos previos necesitaron entre 55 y 60 horas para hacerla.


 

A pesar de las normas de la ruta, como la de hacerla por debajo de 60 horas o no poder usar liebres, estaba muy motivado. Personalmente, no me importan cuanto tardes en completar los 14 picos; la ruta es lo suficientemente dura como para que el simple hecho de intentarla de una sola vez me resulte impresionante. Asimismo, si quieres hacerlo acompañado, no veo que sea un lastre.

La Nolan’s 14 era para mí una ruta muy reconocida para unir los cuatromiles de la zona de Sawatch. Para mí, el desafío se define por la geografía y el terreno, no por una distancia arbitraria. Muchos me preguntaban por la distancia de la Nolan’s, pero no la sabía en concreto porque creo que es irrelevante. En lugar de ello, el esfuerzo es comenzar en el valle, hacer las 14 cimas por mí mismo y volver al mismo valle. El aspecto de la velocidad por supuesto que entra en juego, ya que moverse de forma rápida y eficiente también tiene que ver con tener un gran conocimiento del lugar.

Basándome en mi conocimiento de la ruta, completar los primeros 10 picos en 18 horas parecía una meta razonable, porque el décimo pico es una travesía fuera de camino hasta el Mt Yale. Por ello, decidí el tiempo de salida basándome en que podía hacer esta cima con las últimas luces del día. Sin embargo, incluso en los días con más horas de luz del año, esto significaba salir a las 2 de la mañana. Así que es lo que hice, incluso si significaba levantarse a las 12:30AM y tener apenas 90 minutos antes de comenzar el reto.

Por supuesto, al principio las sensaciones fueron geniales, hasta que pronto abandoné el camino para cortar directamente hasta la primera cima. La superluna de aquella noche iluminaba perfectamente la zona. Mantuve un ritmo sueva hasta la cima, que alcancé en 1h48’ y sin parar me dirigí al tramo de bajada del Mt Massive. Por mi entrenamiento, sabía  que quemaba más calorías en altitud, por lo que me concentré en comer un gel cada 20 minutos. Sin embargo, cuando llevaba poco más de dos horas y media, mi cuerpo se empezó a sentir mal y mi cabeza estaba como nublada.

Pronto tuve que concentrarme sólo e correr; quizá por ello me perdí en el acercamiento a la zona del Mt Ebert, lo que me hizo perder unos cinco minutos. Por ello, traté de mantener un ritmo suave que me permitiera reservar energías, pero notaba que me faltaba mi punch habitual que siempre tengo en este terreno. También me di cuenta de que mis manos empezaban a hincharse, tras sólo 4 horas de correr.

Pensé que me recargaría de energía al ver caras familiares en la cima del Ebert, pero seguí descoordinado, extrañamente aletargado y desmotivado, teniendo que recordarme varias veces que tenía que correr en los descensos en lugar de ir de paseo. Incluso me llegué a sentar dos veces tras sentirme un poco perdido mentalmente hablando. Aunque este descanso no es decisivo en un esfuerzo de tantas horas, este tipo de comportamiento era algo inusual en mí. Correr cuatro horas a ritmo suave por un sitio que conozco es realmente trivial para mí, así que el hecho de estar mental y físicamente fuera de la ruta tan pronto era una muy ,ala señal.

Tras cinco horas contacté con mi equipo por primera vez y le comenté a Joe Grant mi estado físico y mental. Era muy pronto, así que estaba contento de seguir corriendo, comiendo un montón de comida y andar en todo tramo que no era llano. Cuando me dirigí a La Plata, las cosas parecieron mejorar por momentos, pero los últimos 500 metros de ascensión fueron absolutamente terribles. A pesar de que me alimentaba constantemente, me sentía tambalear, chocaba contra todo, iba sentándome en las rocas, la cabeza entre las rodillas… La cima fue un alivio.

Cuando llegué a Winfield (8h08’) sabía que tenía que tomarme algo de tiempo para ver si lograba entender qué me pasaba; comía en abundancia y mi orina era clara, así que no sabía qué podía hacer para solucionar  mi situación más allá de dormir un poco, aunque finalmente es algo que descarté por el horario que me había impuesto.

Podía perfctamente haberme metido en la furgoneta de Joe y dormir por varias horas, despertarme, comer y tratar de completar el resto de la ruta. Pero  -y esto es lo que a muchos les costará entender- ese no es el estilo en el que quiero hacer mis retos. Sé por previa experiencia que, al menos, no tenía que salirme de mi estrategia hasta más tarde. Si me siento fatal tan pronto y dormir y comer es la solución, me siento cómodo admitiendo que ese no es mi día y que tendré más opciones de volverlo a intentar. Sé que esta actitud le molesta a cierta gente. Parece haber una noción de que no llegar al punto de colapso físico es faltar el respeto a la montaña o al equipo de apoyo. Personalmente, cuando veo que mi cuerpo no va bien me parece arrogante pensar “si eres lo suficientemente duro, conseguirás terminar tu trabajo”. No. Estoy de acuerdo que un atleta se debe a los que le apoyan –equipo, patrocinadores, etc…- de dar el máximo. Pero no ir más allá.

Con estas intenciones –de valorar el tiempo, dinero energía y esfuerzo puesto por estas personas para que yo fuera capaz de probarme a mi mejor nivel, de ver si podía vivir uno de esos irracionales y mágicos regresos a la energía y la actitud adecuadas que definen la experiencia del ultra running y que ya he experimentado en varias ocasiones- marché hacia Winfield con Joe y un montón de comida en mis bolsillos para ver si lo conseguía.

Anduvimos por un camino llano, no porque me dolieran las piernas o mi estómago, sino porque mi fuerza y energías estaban en mínimos. Simplemente me encontraba débil y con sueño. Finalmente, Joe me sugirió una pequeña siesta  al sol. Me dormí unos 8 minutos con una botella de agua como almohada y tras despertarme parecía que había sido de ayuda este pequeño descanso.

Joe volvió y yo seguí por la ruta. El resto de mi día no fue muy interesante. Subir se me hacía duro y no hacía más que quejarme. Me gustaría aclarar que la combinación del desnivel, la navegación y la intimidante cadena que es el Sawacht cambia la visión de las cosas un poco en comparación con otros trails de Estados Unidos. Es algo que gentilmente invito a experimentar de forma personal para poder entenderlo completamente. La Hardrock palidece en la comparación y sería bueno tener este conocimiento antes de hacer cualquier juicio de valor.

Llegué a la cima del Huron tras 10h20’, la cima del Missouri en 12h30’ y finalmente la cima del Belford en 13h34’, donde Joe me esperaba con los fotógrafos. Lo importante allí era que tras 10 horas de que las cosas fueran mal, no sólo no habían mejorado, sino que habían empeorado significativamente y que salir de la cima del Belford me hubiese obligado  a subir y bajar al menos tres picos más.

Al final, parar no fue una decision dura de tomar y no me arrepiento de haberla tomado, incluso en estos días posteriores. Las cosas iban lo suficientemente mal en el Belford que era probable que hubiese necesitado un rescate y es algo que no quería que pasara. Continuar no solo parecía algo estúpido, sino también irresponsable viendo la falta de acceso a las siguientes montañas.

Aquí era fácil pensar “bueno, la Nolan’s 14 es dura, ¿qué te esperabas? Sé más duro y vuelve a salir ahí fuera”. Mi respuesta es que cuando voy en una situación comprometida casi desde el principio no encuentro ningún valor en seguir a toda costa. Hay días buenos y malos y he tenido muchos días buenos en las montañas para saber cuando estoy teniendo uno malo de verdad y seguir en estas condiciones no tenía ningún propósito que valiera la pena.

Volveré a esta ruta en el futuro, pero no en esta temporada de verano. He aprendido algunas lecciones tácticas que tendré en mente en el futuro, pero entre ellas no hay un cambio fundamental sobre lo que creo de los que soy capaz de hacer en esta ruta. Los largos y duros esfuerzos  y la resistencia mental son, en su núcleo, salvajes e irracionales actos basados en la visión, la imaginación y en la fe. Y me gusta que así sea”.

Fuente: Ultimate Direction Blog

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