La condena por el accidente de Jokin Lizeaga, un toque de atención para los organizadores

El abogado Nacho Sáez comenta la sentencia que ha condenado al Trail Pastores de Portudera a indemnizar al corredor con más de 60.000 € por no tomar las medidas de seguridad necesarias.

Author: Nacho Sáez | No hay comentarios | Compartir:
Un momento del rescate de Jokin Lizeaga en el Trail Pastores de Portudera por el Grupo de Rescate de Bomberos del Servicio de Emergencias del Principado de Asturias
Un momento del rescate de Jokin Lizeaga en el Trail Pastores de Portudera por el Grupo de Rescate de Bomberos del Servicio de Emergencias del Principado de Asturias   SEPA

Parece de película, pero no es así. Y si no que se lo pregunten al bueno de Jokin Lizeaga, cuando literalmente vio que el suelo se hundía a su paso y se precipitaba a una profunda sima en el transcurso del Trail de las Pastoras de Portudera, una durísima prueba de 40 km y 8.560 m de desnivel. 

La nieve, que cubría una parte del recorrido, ocultaba una sima que se encontraba dentro del itinerario que tenían que cubrir los corredores, balizado por la entidad organizadora. El resultado fue una caída a una cavidad de 18 m de profundidad que estuvo a punto de costarle la vida al corredor vasco, produciéndole importantes lesiones. La semana pasada, el corredor vasco dio a conocer, en una entrevista en el programa Ingrávidos de Radio Marca, la sentencia dictada por los tribunales de Asturias, en la reclamación por los daños sufridos. La misma establece la responsabilidad de la entidad organizadora de la prueba y le condena a indemnizar al corredor por importe de 61.382 euros. 

Se trata de una sentencia pionera en el ámbito de la responsabilidad civil por los daños derivados de accidentes ocurridos las carreras de montaña y que, en consecuencia, será un referente en la materia. Sin embargo, y más allá de lo anterior, el fallo, en su fundamentación jurídica, sigue los criterios que tradicionalmente han venido aplicando los órganos judiciales de nuestro país en supuestos similares de accidentes en el transcurso de actividades deportivas al aire libre.

La sentencia condena a la organización por entender que hubo una negligente señalización del recorrido del trayecto de la carrera, pues la sima en cuestión, estaba dentro de la zona comprendida entre las balizas marcadas.  El Tribunal considera que correspondía a la organización la puesta en marcha y el desarrollo del evento en condiciones aptas para no provocar daños en ninguno de los participantes, y ello incluía “tomar todas las medidas de seguridad que unas básicas normas de prudencia exigían para así poder evitar los riesgos propios que esa concreta competición deportiva podía conllevar (entre otros, el que en el trayecto marcado como recorrido a seguir no existieran simas o, si existían, éstas estuvieran claramente señalizadas -conociéndose, como se conocía, la naturaleza caliza de las rocas del lugar y la existencia de múltiples simas en la zona)”.  

Este pronunciamiento sigue el criterio de la jurisprudencia que reitera la responsabilidad de los organizadores de estos eventos, en la medida que son ellos quienes tienen el deber de asegurar que, desde el punto de vista de los riesgos, la prueba se desarrolle en un marco adecuado y previsible para quienes deciden, libre y espontáneamente, participar en las mismas.

Las carreras de montaña, al igual que ocurre con otras muchas pruebas de este tipo no dejan de ser actividades deportivas que se tienen por escenario un entorno natural, en las que, precisamente, el componente de riesgo es uno de los atractivos que resulta determinante para que la gente decida participar en ellas.

No hay duda de que, los propios corredores, cuando deciden inscribirse y tomar la salida, asumen que correr a toda velocidad por senderos y barrancos, entre nieve y rocas, es una actividad que entraña riesgos. Sin embargo, ello no puede servir de excusa para que el organizador deje de adoptar las medidas de precaución razonables adecuadas para evitar estos accidentes.

En esta línea se mueve la sentencia, al considerar que el riesgo particular de la existencia de simas o torcas en el tipo de terreno sobre el que se desarrollaba la prueba deportiva era conocido para la entidad organizadora y, en consecuencia, debería haber extremado las precauciones para evitar males a los participantes del evento, atendiendo a las más elementales normas de prudencia y diligencia que, como organizadora, directora y responsable de un evento público y multitudinario ínsitamente tenía.

En este contexto, reprocha a dicha entidad que no hubiera eliminado del recorrido las zonas con agujeros o simas, que no hubiera señalizado debidamente estas zonas a los participantes, y que, ni siquiera hubiera advertido de ningún modo la existencia de estos peligros.  

Del mismo modo, achaca a la organización que la señalización del recorrido se hiciera con una semana de antelación, de modo que celebrándose la carrera en época de deshielo, de haberse o revisado el trazado inmediatamente antes de la carrera, quizás pudiera haberse advertido por la organización el error cometido al incluir en el trazado de la carrera un lugar donde se encontraba una sima oculta.

Tal y como hemos dicho en otras ocasiones (aquí y aquí), tratándose de actividades deportivas que se desarrollan en un entorno natural, es obvio que la organización no puede eliminar todos los riesgos que su desarrollo puede llevar implícito.

Sin embargo, la sentencia, siguiendo el criterio de otros tribunales, considera que ello no puede servir de excusa, pues debe exigirse responsabilidad a la entidad que convoca y ofrece al público una prueba, incrementado el riesgo que ya les es propio a la misma como consecuencia de la omisión de alguna de las cautelas que le son razonablemente exigibles: “el que en una práctica deportiva se asuma el riesgo que la práctica conlleva no significa que el participante en la misma asuma los riesgos causados por defectos en la organización”

La sentencia constituye una importante llamada de atención a los organizadores para adoptar las medidas necesarias a fin de evitar encontrarse en estas desagradables situaciones. Es necesario que se conciencien de la necesidad de esmerarse al máximo, no sólo a la hora de señalizar debidamente el recorrido, sino también proporcionando una información exhaustiva sobre cualesquiera otras dificultades o riesgos específicos que los participantes se vayan a encontrar en su camino, las dificultades técnicas que entraña (bajadas técnicas, zonas peligrosas, trazados aéreos, etc), el grado de dificultad y/o exposición de los puntos conflictivos, supervisando el trazado inmediatamente antes de la prueba, señalizando de forma correcta los lugares que puedan resultar más complejos o que presentan mayor riesgo a través de carteles o señales indicativas y disponiendo en estos lugares de personal de la organización que reclame la atención de los corredores.

Nacho Sáez
Montañero, abogado y juez-árbitro de carreras por montaña

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