Kilian Jornet: 30 años rompiendo moldes

El día que Kilian Jornet entra en la treintena, repasamos su trayectoria fuera de la competición y nos acercamos a algunos de los momentos importantes de su vida, algunos ya conocidos y otros muy poco contados.

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Kilian Jornet en la Zegama Aizkorri 2014
Kilian Jornet en la Zegama Aizkorri 2014

Aunque pueda parecer contradictorio, el crack de la montaña nació en el hospital de Sabadell. Su madre, Núria Burgada, bajaba de la Cerdanya para estudiar a la cercana Universidad Autónoma, y junto a Eduard Jornet pensaron que allí sería más fácil que les permitieran ponerle un nombre tan poco usual en la época. “Nos gustaba sobre todo la sonoridad, tenía mucha fuerza. Luego nos comentaron que su significado celta era el de guerrero”, nos revela Núria.

Eduard y Núria, que tuvieron que cancelar una expedición a un sietemil indio por el embarazo de Kilian, vivían en aquel momento en el refugio de Cap de Rec. Era esperable que, en este entorno  alpino y en el seno de una familia volcada con el montañismo, los hermanos Jornet aprendieran de forma rápida y espontánea a moverse por la montaña. Conocer el medio, su fauna y flora, orientarse con un mapa, progresar sobre pedreras, nieve -con esquís o crampones- o vadear ríos… En pocos años habían adquirido unos conocimientos que a otros les costarían toda una vida.

Kilian hizo su primer tresmil con cinco años, el pico Mulleres. Al cabo de ocho días hicimos también el Aneto” nos explicaba Eduard Jornet en una entrevista, en la que explicaba cómo viajaban por otros lugares como Córcega o Laponia, siempre buscando la aventura. “Les hacíamos que descubrieran rincones –continuaba-, que no tuvieran miedo de mirar más allá, de ir a un cerro, a una roca, a meterse en el agua, a atravesar un río”. Con 6 años ascendió al Breithorn, su primer cuatromil, y con 10 cruzó los Pirineos desde el Cantábrico al Mediterraneo. Fueron 45 días de travesía en familia.

“Desde pequeño Kilian fue un líder. Tenía mucha imaginación y trataba de encontrar su propia manera de hacer las cosas. A veces arrastraba a otros con él. Tuvo suerte de poder estudiar en la escuela rural Ridolaina en la que yo trabajaba, y en la que llevábamos una metodología muy abierta y respetuosa con los intereses de cada niño”, nos explica su madre.

“Fue un gran reto para él aprender a permanecer sentado tantas horas y a adaptarse a un sistema estandarizado”

Pero el colegio se terminó y la entrada en el instituto en La Seu d’Urgell supuso un golpe de realidad para este niño entusiasta que soñaba ya con las más altas montañas. “Como estudiante era muy desordenado, y además era una persona muy inquieta y curiosa, casi hiperactivo -continua Núria-, por lo que fue un gran reto para él aprender a permanecer sentado tantas horas y a adaptarse a un sistema estandarizado”.

Su temprana entrada al Centro de Tecnificación de Esquí de Montaña de Cataluña le ayudó a pasar el trago y, dicho sea de paso, tranquilizó a su madre, preocupada por el atrevimiento de las escapadas montañeras de su hijo de 13 años.  “Si algo recuerdo del primer día que vino Kilian al centro, es cómo brillaban sus ojos. Se notaba que tenía una ilusión inmensa y, aunque no tenía la edad reglamentaria para entrar, no le pudimos dejar fuera”, confiesa Jordi Canals.

“Se hizo corredor de montaña como anécdota y ha llegado hasta donde está”

Allí empezaba su construcción como deportista y competidor. Técnica, rendimiento, seguridad, entrenamiento, material… Kilian Jornet unió a su espectacular condición atlética los conocimientos de algunos de los mejores expertos españoles de este deporte. Así, pronto empezó a despuntar y a engrosar un palmarés de victorias y competiciones, tanto en esquí de montaña como en trail, casi imposible de enumerar. “Como donde vivíamos no había tanta nieve como en los Alpes, en verano corría por la montaña para no perder el entrenamiento. Se hizo corredor de montaña como anécdota y ha llegado hasta donde está”, recuerda su padre.

Cumplidos los 18 años, vivió otra de las experiencias que le marcaría. Así lo recuerda Núria Burgada: “Era un 20 de diciembre e iba de camino a sus clases de conducir. Hacía todos los días el mismo recorrido, corriendo, en el que entre otras cosas saltaba por encima de unos contenedores. El suelo empedrado de Puigcerdà estaba helado, se resbaló y se rompió la rótula y un dedo. Le tuvieron que operar”.

Tras años volcado exclusivamente en la competición, y en sus estudios de STAPS en Font Romeu (Francia), en 2007 nacía el proyecto ‘Kilian Quest’. A través de retos en las montañas y rutas más emblemáticas del planeta, el catalán iba mostrando su manera íntima de mezclar montaña y deporte. En el cuarto y último año pasaron además grandes nombres del trail running mundial, que ayudaron a darle, más si cabe, una dimensión planetaria al proyecto. Kilian Jornet ya era todo un icono de trail running y su imagen -alegre, espontánea y aventurera- encontró en el audiovisual y en las redes sociales el mejor soporte para proyectarse.

“Creo que poco a poco irá reduciendo más todavía la competición y entrando más a fondo en el mundo del alpinismo”

Y llegó ‘Summits of my life’. Del Mont Blanc (2012 y 2013) al Everest (2017), pasando por el Cervino (2013), el Denali (2014) y el Aconcagua (2014), y estableciendo los récords de ascenso y descenso en un estilo puro y minimalista. Uno de los proyectos más ambiciosos jamás realizado, con la excepción del Elbrus (2013), y a través del cual Kilian Jornet ha seguido madurando como alpinista. “Es una evolución natural por su forma de ser y por lo que ha soñado desde pequeño. Creo que poco a poco irá reduciendo más todavía la competición y entrando más a fondo en el mundo del alpinismo”, pronostica Núria Burgada.

Si después de todos estos proyectos, y de las grandes películas que los han contado, quedaba alguien que no hubiera oído el nombre de Kilian Jornet, sus dos cimas en una semana en el techo del mundo le han terminado de llevar a los medios de comunicación generalistas. Su capacidad de influencia es tal, que sus opiniones no solo son relevantes en los deportes de montaña, sino también en la política. “Vivimos en una sociedad que necesita crear mitos, referentes que nos guíen en la manera de comportarnos. Yo me alegro porque los valores que transmite son positivos. Pero, aunque no lo parezca, Kilian es una persona muy reservada, muy interior, y su gran reto también a partir de ahora será saber gestionar todo este protagonismo que no para de crecer”.

5 comentarios

  1. Kilian, ya es pasado, esta revision de los 30 años , a si lo da a entender, y en cuanto a que se dedicara al alpinismo, lo veo bastante perdido.

  2. En el Everest no llevaba cámara ni relojes gps de esos tan bonitos. Pero como es tan buen alpinista….hay que creerlo a ciencia cierta.

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