Carreras únicas

Extremo Sul Ultramarathon: 226 kilómetros en la playa más larga del mundo

El balneario más antiguo de Brasil, un barco naufragado sin explicación, un clima patagónico que ha parado la carrera dos veces y voluntarios que llevan sin dormir más horas que tú corriendo. Todo esto en una playa que el Guinness midió y no supo muy bien cómo llamar.

Extremo Sul
| No hay comentarios | Compartir:

Antes de hablar de la carrera hay que hablar del lugar. Porque sin entender dónde estás, la Extremo Sul no tiene sentido. Y aquí estamos aún muy lejos de Brasil.

El sur de Brasil, pegado a la frontera con Uruguay, tiene una de esas geografías que no te esperas. No hay selva, no hay montaña, no hay el verde exuberante que uno asocia con Brasil cuando piensa en Brasil. Lo que hay es arena, mucha arena. Una franja continua de arena que va desde los Molhes da Barra, en la ciudad de Rio Grande, hasta Chuí, en el extremo más austral del país, donde Brasil termina y Uruguay empieza. Son entre 212 y 254 kilómetros, según a quién le preguntes, y desde 1994 el Libro Guinness la tiene registrada como la playa continua más larga del mundo. La segunda, Ninety Mile Beach en Nueva Zelanda, se queda en 145 kilómetros. No hay color, estamos ante algo único.

Se llama Praia do Cassino, aunque eso es un nombre parcial para algo mucho más grande. El tramo que la gente conoce como Cassino es el extremo norte, cerca de Rio Grande, donde hay hoteles, restaurantes y el movimiento propio de un balneario que lleva funcionando desde 1890. Sí, desde 1890: es el balneario más antiguo de Brasil. Se montó como complejo turístico de lujo para la élite de la época, con hoteles de categoría y salones de juego que atraían a familias descendientes de alemanes, portugueses e italianos instalados en el sur del país. El juego se prohibió en 1946 pero el nombre Cassino quedó para siempre.

Restos del navio en la playa de Cassino

Todo eso queda en el extremo norte, el civilizado. Cuanto más te alejas hacia el sur, menos hay. A 16 kilómetros de Cassino está el navío Altair, un carguero que encalló en junio de 1976 después de una tormenta brutal. Nadie sabe exactamente qué pasó. Lo que queda de él asoma todavía de la arena, oxidado y deteriorado, y es una de las estampas más conocidas de la costa. A partir de ahí, prácticamente nada. Ciento y pico kilómetros de playa que la gente de la zona describe como un desierto. Sin hoteles, sin posadas, sin tiendas, sin cobertura de móvil. A la derecha el Atlántico, a la izquierda la Estación Ecológica de Taim y la Laguna Mangueira. Y el viento. Siempre el viento.

La carrera sale de ahí. Del extremo sur, de Chuí, y va hacia el norte hasta Cassino.

226 kilómetros sin desnivel y sin excusas

La Extremo Sul Ultramarathon lleva corriendo varios años en este escenario y tiene una particularidad que la diferencia de casi cualquier ultramaratón que puedas imaginar: no hay desnivel. Nada. Es una línea recta, plana, sobre arena, durante más de doscientos kilómetros. Imaginaos…la «desidia» y soledad a la que se somete el corredor en esta aventura.

Eso que sobre el papel parece una ventaja se convierte rápidamente en algo más complejo. La arena blanda castiga los tendones de una manera diferente al asfalto o al trail técnico. Las olas, según la marea, te meten en zonas de arena húmeda y compacta o te empujan hacia arriba donde la arena cede bajo cada paso. Y el viento, que en esta zona puede cambiar de dirección y de intensidad en cuestión de minutos, puede convertir un tramo fácil en algo bastante desagradable.

El clima del extremo sur de Brasil es así. La proximidad a la Patagonia hace que los frentes del sur, fríos, choquen con el aire caliente que baja del ecuador, y el resultado puede ser una tormenta en cuestión de minutos. Los propios organizadores lo reconocen sin rodeos: en dos ocasiones han tenido que detener la carrera por razones de seguridad. No es una advertencia de marketing. Es lo que pasa ahí fuera cuando la naturaleza decide que no es un buen día para correr.

El recorrido sale de Chuí un viernes a las 11 de la mañana. Los primeros 9 kilómetros son en asfalto, los últimos de civilización antes de que empiece la arena de verdad. A partir de ahí, el mar a la derecha y el horizonte siempre igual delante. Sin marcas en el suelo, sin señales. La instrucción es tan simple como intimidante: corre junto a la orilla y no pierdas el océano de vista.

Hay siete bases de apoyo distribuidas a lo largo del recorrido, separadas entre sí entre 23 y 41 kilómetros. Los corredores tienen 54 horas para llegar a la estatua de Iemanjá en Cassino, aunque la media de los que terminan ronda las 44 horas y 43 minutos.

Soledad…en la arena

La soledad como terreno o como terápia

Hay algo en la descripción que hace la organización que vale la pena leer despacio. Dicen que esta carrera es un test de convivencia con tu «sombra». No lo dicen como metáfora bonita. Lo dicen porque en 180 kilómetros de playa desierta, sin un pico en el horizonte que se vaya acercando, sin un pueblo que aparezca a lo lejos, sin nada que te indique visualmente que el paisaje está cambiando, lo que te queda eres tú y lo que tienes en la cabeza.

Eso es distinto a la mayoría de los ultras de montaña, donde el terreno cambia, los valles se abren, las cimas dan perspectiva. Aquí la perspectiva es siempre la misma: arena, agua, cielo. Kilómetro 30, kilómetro 90, kilómetro 150. El horizonte no ayuda.

Los organizadores son directos también con esto: no es una carrera para iniciarse en las ultramaratones. Recomiendan haber completado pruebas de 100 kilómetros o más antes de plantearse esto. No como filtro obligatorio, sino como consejo honesto de alguien que ha visto lo que pasa cuando alguien llega sin el rodaje suficiente.

Solos con sus pensamientos en Extremo Sul

Lo que te espera en las bases

Las siete bases de apoyo son, literalmente, la única infraestructura que existe en esa playa durante la carrera. Tiendas instaladas con lo que se puede llevar hasta allí, comida caliente, líquidos. Todo modesto, todo provisional. La base del Albardão, a unos 97 kilómetros del inicio, tiene duchas de agua fría y algunos catres. En el resto, si necesitas dormir, es en el suelo.

La organización habla de sus voluntarios con una honestidad que no siempre se ve en este tipo de pruebas. Dicen que muchos de ellos llevan horas sin dormir, cansados, deseando estar en casa. Y que siguen ahí para darte un abrazo y ayudarte a continuar. Es una descripción bastante real de lo que ocurre en cualquier ultra largo cuando las horas se acumulan para todo el mundo, no solo para quien corre.

El equipo médico y de fisioterapia se mueve por la playa en lugar de estar fijo. Hay vehículos 4×4, coordinación con el 5º Distrito Naval de la Marina de Brasil y el 6º GAC del Ejército Brasileño, y rastreadores GPS para todos los participantes. La logística detrás de esto, en una playa sin infraestructura permanente, no es trivial.

La mochila, tu principal aliado

La lista de equipamiento obligatorio es larga y tiene sentido entender por qué. Tres litros de capacidad de agua mínimo. Un saco bivuac o cuatro mantas de emergencia. Dos linternas con cuatro juegos de pilas cada una. Chaqueta impermeable con capucha, segunda capa de ropa tipo Polartec, elementos reflectantes, luz trasera roja intermitente. Silbato de emergencia. Tu propio vaso, tus propios cubiertos, tu bolsa para la basura, un kit mínimo de primeros auxilios.

Y algo que no es negociable bajo ningún concepto: el dispositivo de comunicación por satélite Spot. Sin él, no sales.

La lista puede actualizarse hasta el día de la carrera dependiendo de la previsión meteorológica. Que las previsiones fiables solo lleguen con dos o tres días de antelación dice mucho de lo que puede cambiar el tiempo en esa zona.

Mapa

Cómo llegar

La operativa empieza en Rio Grande, no en el punto de salida. La acreditación y el congreso técnico son el jueves 20 de noviembre en el Salón Noble del Ayuntamiento de Rio Grande. El viernes a las 11 de la mañana, salida desde Chuí. Y si todo va bien, el domingo a las 15:00 llegas a Cassino junto a la estatua de Iemanjá.

La puerta de entrada habitual es el Aeropuerto Internacional Salgado Filho de Porto Alegre, desde donde puedes alquilar un coche o coger un autobús hasta Rio Grande, unas cinco horas de camino. La organización tiene acuerdo con los Hoteles Atlántico en ambas ciudades, y si reservas mencionando la carrera consigues precio especial y el traslado de equipaje del hotel de inicio al de llegada. Un detalle pequeño que agradeces mucho cuando terminas.

Una experiencia más que correr

En 1966, la NASA eligió esta playa para lanzar un cohete. Tiene esa clase de horizontes.

Correr la Extremo Sul no es para todo el mundo, y los propios organizadores lo dicen sin rodeos. Pero para quien lleve el tiempo suficiente en esto y quiera un tipo de experiencia diferente, más interior que técnica, más resistencia mental que atletismo puro, la playa más larga del mundo espera en el sur de Brasil con sus 226 kilómetros de arena y su viento sin aviso.

Toda la información de la prueba en https://horizontes.pt/extremo-sul/

Lecturas relacionadas

Ayudarnos a difundir la cultura de la montaña

En Carreraspormontana.com te ofrecemos gratuitamente la mejor información del mundo del trail running. Puedes ayudarnos a difundir la cultura de la montaña comprando tus libros y guías en Libreriadesnivel.com y en nuestra Librería en el centro de Madrid.

¡Suscríbete gratis al boletín del Trailrunning!

Te enviaremos todas las mañanas un correo electrónico con las noticias más relevantes del mundo trail.