Remigio Huamán: “La zapatilla no te hace correr, sino el talento”

Nació en una comunidad campesina de Perú. Las carreras le han permitido viajar (incluso dar la vuelta al mundo con su hijo). Sus primeras zapatillas fueron unas chanclas recicladas. Para que pudiera competir su madre tuvo que vender algunos de los pocos animales que tenían… Ahora corre carreras tan importantes y lejanas como la Transvulcania… eso sí: ¡en zapatillas de asfalto!

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La historia de Remigio Huamán es la de un corredor en potencia que tenía todo en contra para destacar en las carreras: de origen humilde y rural, no tenía zapatillas, equipación y ni siquiera dinero para comprar el billete de autobús que le llevase a las pruebas. “¡Me vas a hacer vender todos mis animalitos!”, protestaba su madre cada vez que vendía una gallina para pagar un billete. Años después hablamos con él en Transvulcania, una de las muchas pruebas que ha disputado fuera de su casa.

¿Cómo empezaste en este deporte?
Acompañé a mi hermano a una carrera y me dijo que le esperase en un lugar acordado. Yo pensaba que vendría en primer lugar y resulta que iba el séptimo. Le acompañé durante 5 kilómetros y en la siguiente carrera, quizá por revancha a sus rivales, me apunté yo también. Poco a poco empecé a destacar, salí de mi pueblo por primera vez para ir a una prueba en la que el primer premio era un plato de comida de fuera mi región. A mí me tocaron tallarines.

¿Tenías equipo para correr?
Teníamos dificultades para conseguir los complementos. Como no teníamos zapatillas, teníamos que buscar sandalias en un río y las convertíamos. La gente me decía que era un 4×4 porque corría con dos doble sandalias unidas. En esa época, a finales de los 90, no conocíamos los materiales que eran adecuados: las zapatillas, los pantalones… Cuando salía a otras regiones o a la capital del país para a disputar pruebas me fijaba en otros corredores extranjeros y aprendía de ellos. Recolectaba también experiencia de mis hermanos mayores en temas de entrenamiento y alimentación. De acuerdo a eso me planificaba los entrenamientos.

«Como llegué fresco a la meta pensaron que había hecho trapas»

¿Cómo te desplazabas a los lugares donde se celebraban las carreras?
Nuestra economía era precaria y salir de mi pueblo era complicado. Teníamos que sacrificar o vender nuestro ganado o los animales menores para poder conseguir los pasajes para viajar. Mi madre se cansaba y me decía: ¿Cuándo vas a ganar! ¡Me vas a hacer vender todos mis animalitos! Valió la pena el sacrificio que hicieron, gracias a ellos estoy aquí.

Tus inicios no fueron fáciles…
A los 21 gané una maratón en un pueblo de Perú y me descalificaron. Era el más joven y desconocido y, como llegué fresco a la meta, pensaron que había hecho trapas. Pasaron años y, en una competencia [carrera] en la que iba líder, me atropelló un carro. A pesar de esos incidentes nunca me he quedado atrás. Mi objetivo era conseguir logros fuera de Perú.

¿Ahora te dedicas solo a las carreras?
Vivo en unas montañas a casi 4.000 metros de altitud en Perú. Por la mañanas salgo a entrenar temprano y subo hasta los 5.000 metros. Cuando vuelvo desayuno y luego hago muchas cosas: apoyo a mis hijos y a un grupo de niños en la comunidad en la que vivo en sus entrenamientos, también estoy estudiando y en las horas libres voy a la chacra [pequeña finca] a apoyar a mis padres con los cultivos o lo que sea necesario.

«El deporte nos hace buenas personas y nos evita dedicarnos a otras cosas que no son buenas»

La historia de las chanclas del río es insólita. ¿Cuándo tuviste tus primeras zapatillas?
En 2001 salí fuera de mi región para a visitar a Juan José Castillo, un atleta conocido de Perú, y le pedí que me vendiera unas zapatillas. Le compré unas pero seguía sin tener los recursos para conseguir las demás cosas. En 2005 empecé a tener calzado adecuado, aunque, como dice mi hijo, “la zapatilla no te hace correr, sino el talento”. A mi hijo le hacen bromas, le dicen que les preste unas zapatillas mías, y él contesta: “pero si tú no vas a entrenar las zapatillas no te van a hacer correr”. Yo creo que las zapatillas cuidan el pie para no lesionarnos pero al final somos nosotros los que corremos. Mira lo que hizo Abebe Bikila en las olimpiadas de 1960, ganó la maratón descalzo y eso nos dice mucho. Si uno está preparado puede afrontar cualquier reto, no importa si es con zapatillas o descalzo.

¿Ahora tienes patrocinadores?
Gracias a los resultados ahora tengo patrocinador que me apoyan en mis viajes, pero aún así no puedo alejarme de mi chacra y del campo. Es mi hábitat, donde me siento bien, no me alejaría aunque tuviera todo el apoyo del mundo. Desde la infancia he estado en movimiento. Incluso ahora me incomoda ir en carro, prefiero caminar o correr. Hasta me atreví a a andar con mi hijo 15 kilómetros cuando tenía 5 años. Siempre me ha gustado correr, ahora me doy cuanta de que el deporte nos hace buenas personas y nos evita dedicarnos a otras cosas que no son buenas para la salud o la formación.

¿Dónde estarías si el deporte no te hubiese enganchado tanto?
Cuando me preguntan digo que si no me hubiera dedicado al deporte tal vez estaría en la chacra trabajando pero no habría montado ni en autobús. Gracias a mis padres que se sacrificaron estoy aquí y he recorrido un montón de países. Mis padres son los héroes que me han hecho bien caminar.

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