Mercedes Arcos: “Nada suple la emoción de superarse a uno mismo”

La medalla de oro de la OCC del Ultra Trail del Mont Blanc fue para Mercedes Arcos. La carrera estaba planeada desde hacía tiempo: tenía claro que en sus vacaciones quería aprovechar para ir a una gran cita en el extranjero, bonita y que les hiciera disfrutar a ella y su marido. Esta es la historia de un pasatiempo venido a más.

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Lleva en el “mundillo” de las carreras 9 años, desde que cambió los fines de semana de discoteca y baile —“¡Me encantaba bailar!”, dice—por la pasión de su marido, que era la montaña. Ahora no hay quien los saque de ella. Entrenan y compiten en pareja y se esfuerzan para que la cosa no pase de hobby pero aún así hay pruebas en las que la adrenalina de la competición les puede y sueñan con hacer podio. Eso es lo que pasó en la OCC del Ultra Trail del Mont Blanc, una cita electrizante que tuvo a Mercedes contagiada desde que pisó Chamonix y que, finalmente, fue para ella.

Entrenas y compites en pareja, con tu marido. ¿Sois corredores parecidos?
A mí se me da mejor correr más largo con un ritmo piloto que se pueda mantener durante muchas horas. él es más rápido y se le dan bastante bien las carreras más cortas. Cuando entrenamos me tiene que esperar, pero yo tengo eso que llaman efecto dorsal. Puedo entrenar muy lento que en el momento que me lo coloco me transformo en el coyote y el correcaminos. Los entrenamientos los hacemos equilibrados para los dos y las carreras las elegimos cada año: solemos hacer dos largas cada temporada de un máximo de 100 kilómetros. Esas son las que me gustan a mí. Otros años hacemos carreras por etapas, que son los que más le gustan a él.

¿Qué es lo que te atrae de la competición?
Yo compito poco, pero la chispilla que tiene me encanta. Estoy emocionada desde que llegué a Chamonix, necesitaba que llegase la carrera para explotar por algún sitio porque el ambiente, las ganas de superarse… me ponen el vello de punta.

«Para nosotros esto es una afición y no queremos verlo de otra manera: no queremos picarnos ni agobiarnos»

Sin embargo, hacer buenos puestos no es tu principal meta.
Reconozco que me gusta mucho la montaña y lo que más me ha inculcado mi marido es disfrutarla a tope. No ir a intentar subir al podio, si vas con ganas eso viene después, aunque reconozco también que esta es la única carrera en la que sí he venido a competir. A mí nunca me ha dado una pájara, nunca he llegado a forzar tanto como para eso. Me gusta ir a un ritmo piloto que, si has entrenado bien, será mejor, más rápido. A esta carrera no venía con buenas sensaciones pero tenía claro que quería ir a por todas.

¿Por qué no estabas bien?
Tenía las piernas muy cargadas. Empecé la temporada muy bien a principios de año y desde junio fui cayendo. Nuestro día a día no nos permite correr demasiado ni ir mucho a la montaña. Para nosotros esto es una afición y no queremos verlo de otra manera: no queremos picarnos ni agobiarnos. Se corre cuando se puede.

¿Cómo es tu día a día?
Yo vivo en Sant Cugat y trabajo en Barcelona. Los entrenamientos entre semana, que hasta hace poco ni los llamaba así, decía “salir a correr”, eran rodar diez kilómetros por un circuito de asfalto que tengo al lado de casa. Vivimos cerca de la montaña de Collserola pero entre semana no es suficiente. En verano intentamos subir al Pirineo y en invierno nos vamos a Montserrat los fines de semana.

«Miramos las que más nos llaman la atención en sitios que merezcan la pena»

¿Cómo se gestiona un entrenamiento en pareja?
Entrenamos en pareja y nos vamos adaptando. Si coincidimos los dos un día en el que estamos muy bien, que no es fácil, hacemos un entrenamiento de lo que podamos y más. Si no, aunque vayamos a distinto ritmo sabemos adaptarnos muy bien.

El día de la competición no corréis juntos, en realidad. ¿Habéis participado a la par en alguna carrera?
La única carrera que hemos hecho por parejas fue la Transalpine-Run. Era por etapas y en pareja. En esa carrera él estaba muy fuerte y en cada etapa mejoraba, mientras que a mí me pasaba lo contrario, en cada etapa me costaba más. Supo bajar el ritmo para que no me esforzara tanto. Acabamos terceros luchando el último puesto porque yo estaba fatal. No subimos al podio en ninguna etapa pero en el global llegamos al tercer puesto raspado.

Comentabas antes que elegís un par de carreras al año…
Hacemos dos retos grandes al año que suelen ser en el extranjero, y que son los que elegimos para nuestras vacaciones. Según el año hacemos algo por etapas o una carrera larga. Miramos las que más nos llaman la atención en sitios que merezcan la pena. El resto del año vamos a lo que nos vaya saliendo, pero siempre que sean carreras que nos gusten. Que estén bien organizadas, con paisaje y que sepamos que antes y después la recomendaríamos porque se disfruta.

«Para mí la montaña es mucho»

¿Cuál es la clave de las carreras?
Tengo mucha suerte porque en mi caso es genético, lo de correr se lo debo a mis padres. Eso y la motivación son los dos pilares básicos. No sé si hay algo que pueda suplir la emoción de superarse a uno mismo, el hecho de sufrir para llegar a un sitio precioso y disfrutarlo. Para mí la montaña es mucho ahora mismo.

Has comentado alguna vez que quizá hagas un parón.
¡No todo está tan cerrado! Quería marcarme un objetivo importante y después pasar a otro plano. Tenemos ganas de tener niños, aunque si va surgiendo algo entre medias no le voy a decir que no. ¡Me va a costar mucho!

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