EN PRIMERA PERSONA

Karl Egloff: “Me he enamorado del Makalu”

El ecuatoriano, que ha realizado (con Nico Miranda) el ascenso más rápido de la quinta montaña más alta planeta, nos trae todos los detalles de su expedición en este podcast.

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Desde el campo base del Makalu (8.463 m), el corredor y alpinista ecuatoriano Karl Egloff nos ha enviado todos los detalles de su ascensión con Nicolás Miranda, las más rápida conocida hasta la fecha en la quinta montaña más alta del mundo.

Fueron 25 kilómetros de distancia

Para poder hacer un ascenso en tan pocas horas, tienes que estar muy consciente y tener una muy buena aclimatación, una muy buena condición física y también una excelente planificación: saber qué capas vas a necesitar, qué ropa, en qué momento ponérsela… En eso somos guías de montaña y pensamos mucho en cómo puede cambiar el clima. Llevamos mochila de alta montaña pesadas con mucho equipo por si cambian las condiciones, con comida, agua y muchos pares de mitones por si se perdieran. Al saltarte los campamentos significa que sufres un desgaste y tendrás que comer constantemente.

Lo más difícil sin duda alguna fue llegar a los ochomil metros con las piernas cansadas, tras el desnivel y el kilometraje que has hecho, y afrontar la zona de la muerte donde a cada paso que das sientes un martillo en la cabeza y te das cuenta de que es muy difícil progresar, es muy duro moverte a esa altura. En total fueron 25 kilómetros de distancia, el cuerpo queda muy agotado en esas alturas, con casi tres mil metros positivos desde el campamento base superior que está a 5.700 metros, eso fue sin duda lo más duro, y el descenso, donde el cuerpo está agotado, te duele todo el cuerpo que está luchando con el estómago. Es una altura muy fuerte para moverte rápido.

Teníamos previsto después de haber subido el 5 [de mayo], descansar unos cinco días porque es muy lenta la recuperación a 5.700 m. Sin embargo, el 9 parecía el mejor día. El 11 empezó a cambiar la meteorología y decidimos ir. Nos sorprendió mucho viento arriba, de tal manera que a ratos tenías que taparte los ojos, dejar de caminar y ponerte de espaldas de lo fuerte que estaba. Sin embargo arriba del corredor francés tuvimos mucha suerte de que se abrió la montaña y nos dio una cumbre maravillosa. El descenso también fue muy bueno, con grandes condiciones y caminamos gran parte del descenso en la noche.

Con Nico nos complementamos muy bien

Con Nicolás hemos hecho mucha montaña juntos, tenemos mucha confianza el uno en el otro, una amistad muy grande. Cuando decidí venir al Makalú pensé que era lo mejor, para ir al año que viene al Everest en cordada. Estar en la zona de la muerte con un compañero, sea uno sea el otro el que necesite ayuda, es vital. Nos movemos muy bien. A baja altura sin duda soy una persona más rápida, más atlética, pero Nico es una persona que tolera muchísimo la altura. Nos complementamos muy bien y da gusto estar acompañado. Hay ratos en que uno flaquea, el otro lidera y de eso se trata, de estar ahí animándote, de estar el uno pendiente del otro.

En el Himalaya, en las montañas comerciales tienen en casi todo momento cuerdas fijas. Sin embargo, fuera de allí siempre abrimos rutas, estamos en un terreno muy técnico donde nos gusta trabajar en cordada como equipo, como hicimos la pared Sur del Aconcagua o en otras vías nuevas en el Ecuador. Claro que hay momentos en los que uno está más fuerte que el otro, eso es normal, pero es importante trabajar en equipo y complementarse como tal.

Para mí el Makalu significa muchísimo

Para mi el Makalu significa muchísimo por dos factores. En primer lugar como un inicio en los Himalayas, algo que se me quedó muy ajeno por temas económicos mucho tiempo, por eso haber podido venir a la quinta montaña más alta del mundo, ver cómo el cuerpo funciona, ver que sí podemos rendir en altura y poner records me llena de ilusión. También es un sueño de infancia haber podido dejar un récord en un ochomil junto a Nicolás. Y me deja muy tranquilo, porque veo que es el camino perfecto para continuar con esto. Sin duda al año que viene va a ser el Everest el gran icono, la montaña en la que ya habíamos puesto el ojo hace muchísimo tiempo y ojalá se den las cosas.

Nicolás es como mi hermano. Hemos pasado dieciséis años haciendo montañas juntos, qué mejor que haber podido compartir con él y con el gran equipo de Alpenglow que nos ha ayudado con toda la logística y nos ha hecho sentir más en casa. El mero hecho de tener internet no es nada común en los Himalayas y me ha dado la tranquilidad de poder hablar con mi casa. También hemos podido coordinar con radios en la montaña si necesitábamos algo.

Este año, si Dios quiere, vienen los otros tres: el Carstenz, el Vinson y el Everest

Vengo haciendo los Seven Summits en récord mundial y en solitario. Empezamos con el Kilimanjaro en 2014, luego fue el Aconcagua en 2015, ambos estaban en manos de Kilian Jornet, luego fue el Elbrus que estaba en manos de Vitaly Shkel, y en 2019 en el Denali que estaba en manos de Kilian Jornet. He hecho estos cuatro y este año, si Dios quiere, vienen los otros tres: el Carstenz, el Vinson y el Everest. Ese es el proyecto madre. He hecho muchísimos ascensos de velocidad en mi país y fuera como entrenamiento y preparación. El Makalu, sin duda, es uno de los récords más importantes que he hecho al tratarse de un ochomil.

Sin duda es admirable que Marc Batard [que subió en 1988 al Makalu en 17’45’ en solitario por el Pilar Oeste] está en este momento abriendo una nueva ruta con 70 años y sin oxígeno en el Everest. Ya quisiera llegar a su edad de esa manera. Él ha tenido muchísimos ascensos de velocidad, como el Gasherbrum II. Él cuenta que la montaña era distinta. Seguramente en 1988 había mucho más glaciar, mucha menos morrena y piedra, estamos en un calentamiento global. Y es admirable, ahora con todo el material y sabiduría que tenemos, ver sus actividades que eran mucho más empíricas.

Decidimos no ir con el traje de plumas

El tiempo y a la hora que salimos creo que fue muy acertado. El equipo que llevábamos. Lo único que no calculamos es el agotamiento indescriptible que tuvimos al bajar. Fue muy difícil progresar, tuvimos que sentarnos a tomar aire por la falta de oxígeno, a comer, a veces uno tenía que vomitar… Realmente el agotamiento a esa altura es increíblemente duro. Tal vez tenía que haber llevado comida específica para mantener un estómago estable, pero fuera de eso creo que hicimos bien las cosas.

Hicimos una buena elección respecto al material. Llevamos suficientes capas. Decidimos no ir con el traje de plumas, lo que fue acertado para poder moverse más ágilmente, por más que corras el riesgo del frío. Por lo demás fuimos muy conservadores. Llevamos tres litros de agua cada uno, comida para unas 12 o 13 horas, algunos pares de guantes, capas, gorros, algunas cosas de recambio, gafas y muchas otras cosas que es importante llevar.

Clave en estas ascensiones de velocidad es llegar a 8.000 m con buen tiempo

Si tú dejas de comer a esa altura, no vas a llegar muy lejos. El gasto calórico es impresionante, estás con apetito todo el tiempo, es muy importante ingerir también algo de proteína, los geles… Realmente es clave parar y tomar agua, una coca-cola, estar consciente de que necesitas dulce… Es una mezcla de muchísimos factores que es importantísimo probarlo antes y ejecutarlo de esa manera.

Clave en estas ascensiones de velocidad es llegar a ochomil metros con buen tiempo, porque sabes que a partir de esa altura no vas a poder moverte muy rápido y va a ser contraproducente para tu organismo, para tu cerebro. La progresión hasta entonces son 300 metros de desnivel por hora, luego vas bajando, vas bajando, hasta llegar a los ochomil metros casi a 100 o 120 metros por hora, incluso a ratos vas a menos porque tienes que cuidar tu cuerpo y vas al límite totalmente.


Estoy enamorado del Makalu

Superimportante también ganar tiempo donde se puede ganar y no hacerlo donde no puedes. Si llegas a un sector donde tienes que usar el rapel, donde tienes que engranar tu mosquetón… El Makalu es una montaña técnica en la que en ciertos lugares no tienes que pensar en el tiempo, también porque a veces tienes gente en la ruta. Y donde haya una planicie, allí sí intentar ganar un poco de tiempo.

Estoy enamorado del Makalu. Desde el campo base empieza una morrena muy fuerte, casi de 300 m positivos, luego empieza el glaciar y ves una cantidad enorme de grietas y seracs gigantescos. Luego a partir de los 6.900 m se para muchísimo la montaña, es una pendiente de 50 o 60º que realmente es muy física. Llegas a los 7.500 y ves por fin la cumbre, un terreno enorme que está dividido en la parte tibetana y la parte nepalesa. Cuando llegas a los 8.200 m entras al famosísimo terreno del corredor francés, donde es escalada, donde es muy difícil progresar hasta los 8.450 m entre terreno de rocas. La gente baja muy agotada. Es un terreno lleno de cuerdas por todos los lados. Y la cumbre, como tal, es preciosa. Tienes tres cumbres y la última es la más alta. Es precioso, super escarpado, se ve muy expuesto en todo el lado. Es una montaña bellísima.

Me propusieron venir aquí y no lo dudé porque el Everest no lo podía pagar

Fuimos al Makalu porque yo quería hacer una de las cinco montañas más altas y se presentó esta oportunidad al conocer a Adrian [Ballinger] y al equipo de Alpenglow en diciembre. Ellos me propusieron venir aquí y no lo dudé porque el Everest no lo podía pagar. No conocía mucho sobre el Makalu y me puse a investigar mucho y estoy muy feliz de haber tomado esta decisión porque me voy enamorado de la montaña.

Sin duda vivir a las 2.400 m de altura donde yo vivo es una ventaja, pero también es una desventaja el no tener montañas de 7.000 y 8.000 m. Nuestro día a día es en montañas de 5.000 m, así que todo lo que sea sobre los 6.000 m es un tema de preparación ardua y para la que se necesita tiempo. Pero sí estoy convencido de que el organismo asimila mejor la altura que viviendo a nivel del mar. Sin duda alguna es un privilegio poder vivir en una geografía tan escarpada.

Nico me introdujo en el speed climbing

Nico es un deportista muy disciplinado. Una persona que entrena día y noche. Una persona que se ha puesto retos muy fuertes como el Aconcagua 360, que mantuvo varios años. En la montaña es una persona muy técnica. Es guía internacional UIAGM, es instructor de guías en el Ecuador. Es un experto en el manejo de cuerdas y de seguridad. Me complementa mucho como amigo. Desde que nos conocimos fue el que me introdujo en el speed climbing, me invitó al Cotopaxi, y allí me adentré en este deporte.

En el Makalu nos complementamos mucho, conversando, viendo cuándo teníamos que parar para comer o para sacar el arnés… Durante gran parte del ascenso abrí yo la huella, mientras que casi todo el descenso la abrió él, porque estaba muy agotado y tuve muchos problemas con el estómago. Así es un equipo.

Llegamos a la hora que todos ya estaban descendiendo

Ayer al llegar al corredor francés vimos a mucha gente que estaba descendiendo en condiciones muy débiles. Entonces obviamente se complica el pasar, pero no fue tan complicado. Sabíamos que no era momento para ganar tiempo. A esos 8.000 m lo que quieres es no dar un paso en vano y manejamos bastante bien la situación porque llegamos a la hora que todos ya estaban descendiendo de la cumbre. En el retorno fuimos los únicos y no había ninguna congestión, así que fue bastante bien.

Los siguientes retos están muy marcados: el Everest, el próximo año,  y antes el Vinson en la Antártida y la Pirámide de Carstenz en Indonesia. Con eso culminaría los Seven Summits en récord mundial.


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