Padre de Kilian Jornet. Vídeo entrevista

Eduard Jornet: “Kilian corría 25 kilómetros para llegar al instituto”

Con cinco años hizo su primer tresmil. Poco después salió detrás de un corredor de montaña y su madre sudó para alcanzarlo. A los 15 no cogía el autobús para ir al instituto, mejor hacía 25 kilómetros a la carrera. Eduard Jornet, padre de Kilian, comparte estos y otros recuerdos de la infancia montañera de su hijo.

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Eduard Jornet es guía de montaña y crió a su hijo inculcándole su pasión por el monte. A los 63 años se propone hacer la Travesía de los Pirineos por tercera vez en su vida, un proyecto que hizo de joven en solitario y que repitió después cuando sus hijos Kilian y Naila eran pequeños. En esta entrevista recuerda los preparativos de aquel viaje.

Públicamente eres el padre de Kilian, pero detrás de esa etiqueta Eduard Jornet es un montañero de toda la vida.
Hago montaña y seguiré haciéndola hasta que el cuerpo me diga basta. Tengo el proyecto de hacer por tercera vez la Travesía del Pirineo, hacer fotografías y escribir mis memorias. Es una cosa que me va a divertir. Empezaré por la salida de sol en Cap de Creus, que va a ser mi nacimiento, hasta Hondarribia, que sera cuando me muera…de aquí a unos años.

¿Cómo fueron las dos veces anteriores?
Hice la Travesía del Pirineo en 1977 en solitario. Salí muy cargado y cuando llegué a La Junquera dejé la mitad de material. Llegué a Hondarribia al cabo de casi 50 días. La segunda vez fue con Kilian, Naila y Núria, estuvimos 45 días. Kilian tenía 10 años y Naila 9. Nos divertimos mucho. Ellos prepararon su travesía, yo les coordinaba un poco y les enseñé cómo hacerlo.

«Tuvimos a Kilian y Naila en un momento en que ambos estábamos haciendo mucha montaña»

¿Qué les enseñaste?
La logística que empleamos cuando hicimos la travesía fue como si nos fuésemos a hacer un pico de 8.000 metros al Himalaya. Les enseñé cómo organizar la travesía con mapas, cómo ver por dónde pasar, qué collados, qué montes, qué había que llevar. Llevábamos las mochilas con comida para 10 días y dormíamos en refugios y albergues. Comíamos los paquetes que habíamos preparado y el resto en restaurantes o refugios. Les enseñé qué tipo de comida hay que llevar en esos paquetes, qué se debe llevar en la mochila, cuántas horas hay que andar cada día. Ellos ya no se acuerdan pero disfrutaron mucho preparando esa travesía.

¿Cómo afectó la llegada de vuestros hijos a vuestra actividad montañera?
Tuvimos a Kilian y Naila en un momento en que ambos estábamos haciendo mucha montaña. Estábamos preparando una expedición a un sietemil en la India, el Gangotri, y Núria quedó embarazada de Kilian, así que no la hicimos. Cambiamos un poco la manera de ver la vida y de continuar haciendo montaña. Una opción era dejar a los hijos con los abuelos y la otra llevarlos con nosotros, y para eso teníamos que bajar un escalón en la manera de ir a la montaña.

«Nosotros hemos sido padres protectores en el lugar donde estábamos, que era la montaña»

Ese escalón se fue ampliando. Estuvimos en Córcega, un mes en Laponia haciendo travesías, andando, atravesando ríos con agua hasta casi la cintura, y nos llevamos Kilian y Naila. Bajamos el listón un poco pero aprendimos a ir con ellos a la montaña. Ellos aprendieron a ser autosuficientes, aprendieron cómo se tenían que llevar su mochilita con su anorak, su botella de agua, y eso les curtió mucho desde pequeños.

El modelo opuesto de padres protectores.
Nosotros hemos sido padres protectores en el lugar donde estábamos, que era la montaña. Vigilábamos por dónde se subían nuestros hijos, por dónde iban, qué hacían. Teníamos un ojo en nuestro trabajo y otro en ellos, pero sí que les dimos mucha libertad para hacer lo que ellos querían hacer. A veces venían los monitores de esquí de la zona donde vivíamos y nos decían que teníamos a nuestros hijos metidos en el bosque con los esquís, que no se nos fueran a perder. Con tres, cuatro o cinco años ellos salían de las pistas y se metían por allí con esquís de fondo, era su terreno de juego, por eso están donde están.

Les hacíamos que descubrieran rincones, que no tuvieran miedo de mirar más allá, de ir a un cerro, a una roca, a meterse en el agua, a atravesar un río. Si el niño se cae o pasa miedo a la siguiente vez vigilará más. Hay que enseñarles a que no cojan miedo pero a la vez vigilarlos, que puedan hacer esas cosas sin tú sufrir.

«Para los hijos tiene que ser un juego ir a la montaña, no una obligación»

¿Qué edad es la mínima para hacer según qué actividad?
Kilian hizo su primer tresmil con cinco años, el pico Mulleres. Al cabo de ocho días hicimos también el Aneto. Naila hizo el monte perdido con 5 años también. Todos los chavales lo pueden hacer pero debes jugar con ellos e interactuar con la montaña para enseñarles a que vean las flores, las mariposas, las piedras, qué hay detrás de los recodos. Tiene que ser un juego ir a la montaña, no una obligación.

¿Qué anécdotas recuerdas de la infancia de Kilian?
Kilian tendría cinco o seis años y estábamos en la Pica d’Estats. A bajar había una carrera y pasaron varios corredores por nuestro lado. De pronto, salió disparado detrás de uno, pasó a dos, y su madre salió corriendo detrás y no lo alcanzó hasta dos kilómetros después, cuando lo pararon los chicos del control de la carrera. ¿Por qué empezó a correr? Imagino que le divirtió ver a dos tíos más grandes que él corriendo…

«Con 15 años hacía los 25 kilómetros de camino al instituto corriendo»

¿Cuándo empezó a competir?
A los 15 empezó a competir en esquí de montaña, cuando lo cogieron en el Centro de Tecnificación de Esquí. él ya había ido con bicicleta, con esquís de ruedas por la carretera, entrenaba corriendo… Con 15 años hacía los 25 kilómetros de camino al instituto corriendo. Le daba la mochila a su hermana para que la llevara en el autobús y nunca llegaba tarde a clase.

Tu hijo es una referencia para muchos seguidores. ¿Qué opinas de eso?
Sorprende que se haya convertido, tan joven, en un mito para muchos corredores, alpinistas y gente de montaña. Todos hemos tenido nuestros mitos y él ha sido uno de los más jóvenes. A Kilian le enseñé a ser alpinista y montañero. él era esquiador de montaña, es su deporte favorito, y como donde vivíamos no hay tanta nieve como en los Alpes, en verano corría por la montaña para no perder el entrenamiento. Se hizo corredor de montaña como anécdota y ha llegado hasta donde está.


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4 comentarios
  1. Es cierto que no son montañas para niños de cinco años, pero si algunos ( entre los que me incluyo) hemos sido capaces de subirlos con ocho-nueve años, conociendo la capacidad extraterrestre de Kilian, yo sí que me lo creo.

  2. Mi hija subió al Puigmal también con cinco años, estuvimos casi todo el día caminando y es verdad que hace falta entretenerlos. Qué mejor que por el camino conozcan la fauna y la flora de alta montaña, siempre tan interesante y fascinante. No es lo habitual por estas latitudes pero no es ninguna barbaridad subir al Aneto con los pequeños, siempre que los padres conozcan la montaña. El conocimiento de ella lleva al respeto. Chapeau por los padres de Kilian

  3. pues si iba corriendo al istituto llegaria con una sudada buena, como para sentarse a su lado, y lo de que todos los niños(5 años) si les vas entreteniendo suben al aneto o a cualquier otro tresmil no se lo cree ni el, no son montañas para niños de cinco años, cualquiera que tenga niños lo sabe, son muchas horas andando y mucho desnivel, en cuantas horas hizo el aneto? desde donde? todo andando el? , Killian es un crack, unico, pero hay mucho fanfarroneo en esto de la montaña.

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