El récord de la Alta Ruta Chamonix-Zermatt contado por Iker Karrera

El corredor vasco publica, en la web de su principal patrocinador, Salomon, cómo vivió esas 21 horas y 20 minutos que le llevó completar una de las rutas más clásicas de Los Alpes.

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Iker Karrera durante su reto de la Ruta Alta Chamonix a Zermatt
Iker Karrera durante su reto de la Ruta Alta Chamonix a Zermatt

“De vuelta en casa, después de que hayan pasado unos días de lo que fue la Chamonix-Zermatt, es quizás buen momento para mirar atrás y valorar lo vivido todos estos días, tan intensos:

25 de julio de 2012, llegó el día. La meteorología también parecía que no quería fallar a la cita y se portó. Las horas antes de la salida, descansé todo lo que pude. Me sentía mucho más tranquilo de lo que esperaba. Quizá porque esta vez no tenía que competir con nadie más. Aunque debo reconocer que el rato que estuve tirado en la cama, no conseguía dormirme y todo el tiempo me venían a la mente imágenes de grietas, seracs, resbalones etc. Intente pensar en cosas positivas pero la mente va a aquello que realmente te preocupa. Esto si era distinto.

Preparo el material: la mochila S-Lab Skin advance de 12 litros; pantalones impermeables, cortavientos, una chaqueta Gore-Tex, un par de calcetines de repuesto, guantes, gorro, bisera, gafas de sol, crampones. El teléfono móvil, manta térmica, documentación de identidad, tarjeta de federado, frontal, mapas de toda la ruta y 30€.

Comida: dos sandwiches, barritas (8 Uds.), geles (8 Uds.), frutos secos (dátiles, higos secos), sales electrolitos. La mochila pesaba unos 5 kilos. Material que llevo puesto, lo normal en una carrera más una camiseta térmica de manga larga y unos bastones. Salí con algo menos que 1/2 litro de agua.

19:30h de la tarde, llamé a Goio Larrañaga, Juez árbitro de la FEDME. Lo que me dijo fue que intentará disfrutar al máximo, nada de formalismos de Juez.

Los momentos antes de la salida, tengo a Idoia al lado, noté en su mirada mucha más tensión que de lo normal. Ella sabía muy bien lo que había allí arriba y lo que eso suponía. Me emocioné más si cabe, aunque intenté ocultarlo. Por fin sonaron las campanas de la iglesia de Chamonix y arranqué.

Salí muy rápido, quería llegar lo antes posible al Refugio Albert I para poder pasar el tramo de morrena todavía con algo de luz y así entrar bien en el primer glaciar. La mochila pesaba mucho, aunque cómoda, el peso se notaba. Llegué a Le Tour más rápido que cuando hice el tramo entrenando. Eso me dio ánimos. Iba bien, señal que recuperé bien físicamente el esfuerzo de los días anteriores.

Refugio Albert I, todavía algo de luz. El horizonte de color rojo violeta, con la luna asomando. Bonito anochecer. No hacía tanto frío. Entré perfectamente al glaciar, Bien! Me dediqué unas palabras de ánimo a mí mismo, porque el entrar bien al glaciar me permitió coger la traza buena y orientarme bien de noche. El hielo estaba empapado ya que todavía no había enfriado lo suficiente para que se helará la capa superficial.

Cielo despejado, lluvia de estrellas brillantes. En el Coll de Le Tour, mire para arriba, localicé a la Osa Mayor y muy cerca la Estrella Polar. Tenía que cruzar un amplio plato de glaciar hacía el Coll de Orny en dirección NE. Busqué una luz en el horizonte. Si! Gracias Lionel, gracias a los guardas de los Refugios de Trient y de Orny por haber dejado una luz encendida en los refugios. Fueron un faro en medio de la oscuridad que me ayudo mucho a la hora de cruzar, tanto el Plateau du Tient como el Glaciar de Orny

Champex de Lac. Bonitos recuerdos que me ayudan a cargar mi mente de sensaciones positivas. Estaban Idoia, Edu y Damia. Bebo agua en la fuente, cargo el camel y tiro. Todavía me sentía muy fresco y llevaba 6 horas y 30 minutos. Hasta Bourg St Pierre, entre camino, senderos y sobretodo pistas, se me hace muy monótono y pesado psicológicamente. Aquí me esperaba la subida más larga, hasta el Plateau du Culoir desde 1600 m hasta los 3661 m de altura.

En esta subida lo pasé mal, porque a medio camino el frontal empieza a fallarme. Me cabreé conmigo por no haber cogido pilas de repuesto (esto de ahorrar peso a veces nos juega malas pasadas) y me preguntaba a mi mismo que hacer si me quedaba sin luz antes de que amaneciera y así fue. Hacía las tres de la noche la luz del frontal era casi nula.

Como la semana pasada pasé por allí, recuerdo un poco por dónde va el camino, y como es más o menos. Intenté no despistarme por nada, no salirme del sendero. Voy como un ciego! El sentido del tacto se convirtió vital, ya que un sendero pisado es muy distinto al prado alpino, un suelo pisado a otro natural son muy distintos. Pero en los tramos de rocas y piedras la cosa se complicó.

Aun así, aunque a duras penas, consigo seguir las marcas rojas y blancas que indican el camino, no por el color, sino porque dos líneas rectas de un tonos distinto a las rocas, es algo artificial y se hace evidente que lo ha hecho el hombre. Con un poco de memoria, con un poco de lógica y con mucha suerte consigo llegar al Refugio de Valsorey, sin hacerme daño, pero perdiendo un tiempo considerable. Eran las cuatro y algo. Pronto empezaría a amanecer. Decidí pararme un rato, ya que afrontar la subida al Plateau Du Color sin luz podría ser demasiado arriesgado.

En el refugio los guardas estaban durmiendo, pero había dos chicos levantados, desayunando, para continuar en su particular Chamonix-Zermatt. Compartimos unas palabras, una rebanada de pan y Te y tomamos el camino, cada uno con nuestros objetivos pero igual de válidos.

Plateau du Coulor. Un lugar especial en la Ruta y un momento igual de especial. Amanece! Y Vaya amanecer. Veo salir el sol, allá al Este, desde las aristas del Matterhorn y empieza a teñir de rosa el Mont Blanc que queda atrás, al Oeste.

Y estoy en las cuestas de El Gran Combin. Es quizás, el punto de la ruta, donde mejor se puede apreciar toda su dimensión, grandeza y espectacularidad de la misma.

Pero si bien el sitio merecía dedicarle más tiempo, no podía pararme. La noche hizo su trabajo y el Glaciar estaba duro, lo que me tranquilizó mucho, ya que la bajada del siguiente tramo sería más segura y rápida. Pero hacia la mitad de la bajada del Glaciar du Mont Durand, me llevé un susto. Resbalé de una forma extraña, y es que uno de los compones se me había movido, debido a que una de las cadenas se había soltado. Intenté meterlo en su sitio pero no lo conseguí. A partir de ese momento, ese crampón ya no me daba la suficiente confianza por lo que tenía que correr con más cuidado, para no tener un patinazo inesperado. ¡Más tensión para la cabeza!

Después de esta bajada y un tramo de pista, me dirigí al Glaciar d´Otemma. El valle que se abre antes de entrar mismamente sobre el glaciar, me recuerda mucho al Baltoro en Pakistán. Senderos sobre arena al lado de un río gris, un río dividido en varios ramales, que sale de la boca del Glaciar que se sitúa justo en el centro de la frente de ella, en visible proceso de retroceso.

En este Glaciar no me calcé los crampones. Bien porque al ser de poca pendiente y con una superficie muy rugosa, se podía correr sobre ella con las zapatillas y también porque quería conservar los crampones para más adelante, para tramos más delicados.

En medio del Glaciar, encontrarme con Toni, que estaba esperando mi paso para grabarlo, me hizo salir de la monotonía y de la concentración del paso a paso y también recuperar un poco la respiración. Me dio ánimos y sobre todo, me dijo algo, que si bien era obvio, no sobraba recordar: “Dosifica tus fuerzas.” Pasando por el Coll de Chermontane, subí el Glaciar M. Collon para llegar al Coll de Eveque. Ya el glaciar empezaba a ponerse pesado. Bajar por el Hauat Glaciar d´Arolla, y desde Planes de Bertol enfilé la subida a la Cabaña de Bertol, por el Glaciar de Bertol. Está subida fue la que más me costó durante todo el día. Empezaba a acusar el cansancio y la altura, 3311m, se dejaba notar. ¡Se me hizo eterna! En el refugio les pedí algo de sopa y un pastel. Me supo a gloria. Entraba mucho mejor que las barritas y los geles, que ya hacía tiempo que me estaba costando mucho tragarlos. No me apetecían.

Mientras recuperaba el aliento y las fuerzas, una llamada de teléfono al refugio para mí. Era Idoia que llamaba para saber si había pasado ya o no. Hablé unas palabras con ella, calculé más o menos para cuando podía estar en Zermatt y me despedí. Sabía que quedaba todavía un tramo delicado pero, ya sentía que el objetivo estaba más cerca y que conseguir bajar de 24 horas era posible. Bajé las escaleras del refugio con muchísimo cuidado y me metí en el Glaciar du Mont Miné. Un inmenso plato, desde donde se aprecia la espectacularidad de la cara W del Dent Blanche.

Y por fin llegué al collado de Tete Blanche, el punto más alto del camino y desde el cual se podía disfrutar la imponente cara W del Matterhorn y su arista Carrel. El Dent d´Herens está más cerca, pero al lado del Matterhorn, siempre le tocará estar en un segundo plano.

La bajada del Stockjigletscher me preocupaba, ya que cuando pasé la semana anterior, había muchas grietas bastante abiertas. La trazada estaba bien dirigida y no tuve ningún problema, salvo que la nieve estaba muy pesada. Por fin dejé atrás los glaciares, cosa que me tranquilizó mucho. La bajada de la roca Stockji, era la bajada más técnica y complicada de todo el recorrido, muy insegura, y con un barranco al lado que mejor ni mirar.

Una vez llegué a Schobielhutte, aquí sí que empecé realmente a creerme que sí, que el objetivo estaba al alcance de la mano. Tenía suficiente margen para llegar por debajo de las 24 horas a Zermatt. Pero uno también es un poco ambicioso y una vez que estás en esto y de haber dado todo hasta ahora, no pensaba relajarme hasta llegar a Zermatt e intentar parar el corno en el menor tiempo posible. Porque como digo siempre, me gusta terminar las pruebas con la sensación de que he dado todo. Y más en este tipo de retos, donde lo lógico es que no vuelva a repetirlo. Por lo que, una vez que estas, te exprimes al máximo.

Llegando a Zmutt, vi a Nuria con la cámara. No solo yo, ese día mucha gente trabajó y mucho para que este proyecto saliera bien. Volveré en otro momento a Zmutt, ya que el sitio lo merece, pero esta vez tocaba pasar corriendo.

Cuando vi las primeras casas de Zermatt, empecé a saborear, dentro de lo posible por el agotamiento, que ya lo tenía. En las calles de Zermatt, corrí adelantando a la gente. Y por fin llegué a la plaza de la iglesia de Zermatt. Paré el crono y ya está: 21 horas 20 minutos.

Una semana antes después de hacer la ruta en tres etapas, hice unos cálculos de cuanto tiempo podría necesitar para hacerlo de tirón. Calculé que en el caso más optimista podría tardar 22 horas. Y le comenté a Idoia que firmaría en ese momento ese registro. Idoia bromeando, me saco un papel y me pidió que le firmará. Lo hice. Ella, bien sabía que eso me motivaría más si cabe.

En la plaza de Zermatt, entre la mirada de los turistas, abrazos y sonrisas. Edu intentando transmitir ese momento a la gente, mediante estas nuevas tecnologías, a toda esa gente que estuvo siguiendo la prueba.

Cuando me meto de lleno en un proyecto como este, intento concentrarme al máximo. Hasta tal punto que a veces se me olvida que, estos proyectos no son sólo míos, que hay mucha gente detrás de ella, bien porque participan de una forma activa en su desarrollo y consecución, bien porque simplemente, llegan a identificarse con la misma y lo hacen suya también.

Y realmente si algo lo tengo muy claro es que los retos, las marcas,… no me pertenecen sólo a mí. Considero que mis logros, son los logros de mucha gente, que cogen forma, son ejecutados y firmados por mí, pero, sin el trabajo de mucha gente, serían simplemente imposibles.

Creo que a cada uno nos ha tocado vivir en un momento histórico, con sus características, valores, recursos, nivel de desarrollo etc. Y que lo que hacemos es el resultado de todas las generaciones precedentes, que cada uno ha puesto su grano de arena en el camino de. Lo que conseguimos, lo que hacemos hay que entenderlo y colocarlo en el contexto histórico en el que nos ha tocado vivir. Todas las marcas, todos los records, … Irán evolucionando según el ser humano evolucione. Lo que estos días hemos conseguido hacer, ha sido poner un hito en el camino. Un hito nuevo, que hasta ahora nadie lo había puesto. Creo que más que los tiempos, las cifras, … Esa ha sido mi, nuestra aportación con esta Chamonix-Zermatt.

Los que vendrán después, tendrán que decidir si este hito que hemos puesto, sirve par marcar un camino nuevo e interesante. Eso sí, cada uno tendrá que buscar el sentido a ese camino, a su camino».

Iker Karrera.

Fuente: Salomon Spain.

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