Courtney Dauwalter, en busca de los límites humanos

Repasamos la historia de la ganadora de la WS100, una profesora de 32 años que se ha aliado con el sufrimiento para empujar los márgenes de lo posible en las carreras de ultratrail. Su trayectoria es increíble: ha entrado en el podio del 80% de las pruebas en las que ha participado y ha ganado diez veces también a los hombres.

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Courtney Dauwalter en la Western States 100 2018, que ganó
Courtney Dauwalter en la Western States 100 2018, que ganó   Drozphoto y Martina Valmassoi

Como ya todo el mundo sabe Courtney Dauwalter es la flamante vencedora de la 44ª edición de la Western States 100. Dibujó una carrera progresiva, en la que se dejó llevar en las primeras 30 millas para mantenerse fresca y soltar en ese momento su instinto competitivo que le llevó a la meta en la 12 posición general. Su crono, 17h27m, es el segundo más rápido realizado por una mujer en “la ultra que lo empezó todo”, solo superado por el legendario el récord que Ellie Greenwood (2012) estableció con unas condiciones meteorologícas inmejorables.

Pero el sendero de Squaw Valley hasta Auburn no fue nunca un camino de rosas, tampoco para Dauwalter. “En las últimas 20 millas iba realmente dolida y trataba de ir al máximo de mis posibilidades con la suposición de que la gente estaba a la vuelta de la esquina”, explica en una entrevista con IRunFar. Pero no era así, su ventaja en aquellos momentos era de casi 1 hora con sus perseguidoras y ella lo sabía. ¿De dónde salía entonces esta necesidad de autoimponerse un ritmo suicida? ¿No hubiera sido mejor bajar las revoluciones, gestionar las diferencias y no acabar tan machacada?

No era ese su objetivo. La ultrarunner estadounidense quería saber hasta dónde podía llegar y para ello solo podía optar por el menos amable de los caminos. Como había hecho hasta ahora. Y es que es esa mentalidad extremamente autoexigente la que le ha funcionado, la que le ha acabado transportando a lo más alto de una élite internacional que hace tiempo que la esperaba.

Triunfó desde el primer día, también cuando perdía

La joven nacida en Hopkins (Minnesota) hace 33 años no es nueva en esto de la competición, tampoco de las carreras, aunque en su juventud se calzaba más los esquís de fondo que las zapatillas. Tras su paso por el instituto, durante el que consiguió grandes resultados tanto a nivel estatal como nacional, decidió estudiar en la Universidad de Denver (Colorado), ciudad donde actualmente trabaja a tiempo completo como profesora de ciencias en un colegio.


 

Fue allí donde recuperó su pasión por el deporte. Vivir en uno de los estados más montañosos de Norteamérica le impulsó a pasar muchas horas en entrenando en la naturaleza y casi sin darse cuenta fue pasando de los maratones a las 50 millas, y de ahí a los 100 km y a las 100 millas. También a las 200.

Es impresionante ver su historial competitivo. Desde su brillante debut en Prickly Pear 50K ha disputado 51 ultras, de las que en 27 ha llegado la primera, en 13 más se ha colado en el podio y únicamente en 10 se ha quedado fuera de él. La mancha del abandono aparece una sola vez, en su estreno a las 100 millas en Run Rabbit Run 2012. “No había descubierto el aspecto mental de esta distancia. Se volvió físicamente difícil, como siempre ocurre, y tiré la toalla, pensando que no podría hacerlo”, relata en TheTrek, explicando que luego se arrepentiría. Sin embargo, este fallo no la hundió sino que “alimentó su fuego” y sirvió de acicate para un presente en el que ha sabido hacer frente a tremendas dificultades.

Un premio peligroso

No solo por aquel DNF (Did Not Finish) ha sido importante la Run Rabbit Run en la carrera de Dauwalter. Tampoco por las dos ocasiones en las que se llevó sus suculentos 12.000 dólares de premio.

Tras volver con una victoria en 2016, sacando 75 minutos a la segunda clasificada, en 2017 vivió allí en la prueba de Colorado otra de las experiencias que le marcaría. A falta de poco más de 10 millas para el final, su visión se empezó a emborronar hasta convertirse por completo en una mancha blanca tras la cual no podía ver ni sus propias manos. Quedaba poco para la meta en Steamboat Spring y no quería volver a renunciar, por lo que continuó a duras penas, tropezándose continuamente con rocas y raíces del camino.

En uno de aquellos golpes se hizo una brecha en la cabeza. “La sangre corría por mi cara, lo que le daba un toque muy dramático a las imágenes”, recuerda Dauwalter. El percance no le privó de la victoria y, sorprendentemente, tampoco del récord de la prueba. Cinco horas después recuperó la visión.

Cuestionando el mando masculino

A pesar del toque épico, aquel no fue su triunfo más importante de la pasada campaña. De hecho, fue fundamentalmente un entrenamiento para lo que le esperaba seis semanas después: la prueba más larga que nunca ha corrido, las 238 millas (o 383 km con 9.000 m positivos) de Moab.

La americana apareció en el cañón de Utah con ganas de probarse en esta nueva y brutal distancia, con la única pretensión de terminar en el límite de 112 horas que la organización había dado, y acabó siendo la primera persona en cruzar la meta tras 2 días, 9 horas y 59 minutos de esfuerzo. Lo asombroso es que la segunda persona, y primer hombre, tardaría 10 horas más.

Fue la penúltima de las 10 ocasiones en las que ha puesto en jaque el dominio masculino en la ultradistancia.

El factor mental

Sin entrenador, ni un plan específico de kilometraje diario o semanal, Courtney Dauwalter continúa sus progresos libremente en el mundo del trail running, donde ya es toda una estrella. Su motivación se basa en poner en jaque sus propias limitaciones, que son ya las de toda la comunidad de corredoras de largas distancias.

“He estado trabajando para sentirme más cómoda en la incomodidad y superar el dolor físico. No hay truco para eso (al menos no que yo sepa). Para mí, simplemente se basa en continuar metiéndome en largas carreras donde necesitaré superar ese dolor.  Estoy preparando una carrera “del último en parar” donde no hay una línea de meta real; la carrera continúa hasta que todos se hayan retirado menos el ganador. El año pasado el ganador corrió 245 millas antes de ser la última persona en pie”, explica en Upprox.

Como hemos visto, son muchos los ejemplos en los que la profesora de Denver está empujando los márgenes de lo posible. Y lo está haciendo con el mejor aval: un talento físico innato unido a una capacidad de sufrimiento excepcional. “Mi primera milla en 1997 fue mi límite. ¿Cómo puede la gente correr más? 238 millas en 2017 fue la punta del iceberg. ¿Qué más es posible? Ahora estoy buscando la respuesta”.

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