PERFIL PERSONAL

Ben Gibbard, la estrella del rock que corre ultra trails

Es el cantante de una de las bandas de indie rock más prestigiosas del circuito norteamericano, pero desde un tiempo a esta parte ha sido seducido por la montaña y por su vertiente más larga: el ultra trail.

Ben Gibbard
Ben Gibbard
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En el pelotón de las carreras por montaña nos podemos encontrar todo tipo de profesiones; incluso entre los mejores corredores del mundo nos encontramos pizzeros, fontaneros, funcionarios, bomberos y un sinfín de trabajos, por lo que en una carrera por montaña están representados prácticamente todos los sectores laborales que puedan existir.

Pero quizá uno de los aficionados más ilustres que tiene el trail running es una estrella del rock; se trata de Ben Gibbard, cantante del grupo Death Cab for Cutie, una banda que compone temas de indie rock y que en los últimos lustros ha tocado por todo el mundo y en algunos de los festivales más importantes del planeta.

Aunque también compone canciones para actuar en solitario o con otra banda de la que forma parte, llamada The Postal Service, Ben Gibbard tiene ahora entre sus preferencias salir a correr. Y es que de ninguna otra forma podría uno completar ultras de 50 millas, más de 80 kilómetros, a lo largo de la temporada.

La fecha en la que Gibbard le dio un giro a su vida fue el año 2007; para poder dejar de beber, una afición muy típica entre las estrellas de la música, Gibbard decidió correr. No sería hasta cuatro años después cuando cruzaría la meta de su primer maratón,; era 2011 y el músico completaba los 42 kilómetros justo por debajo de las 4 horas.

La afición por correr le llevó a ponerse metas más ambiciosas, hasta que se decidió a dar el salto a los 50 kilómetros primero y, por fin, al ultra trail, en el que ya ha completado pruebas de 50 millas, como la California’s Pioneer Spirit 50.

Para Gibbard, entrenar es una forma de no caer en las malas costumbres de las giras de grupos musicales; “no importa todo lo que mi ego se infle con el ánimo de los fans cuando hacemos un concierto, porque la montaña luego me lo baja. Necesito ese equilibrio que me da entre todos los aspectos de mi vida” apuntaba Gibbard en una entrevista con Competitor.com.

En estos meses, embarcado en los entrenamientos para ultras de 50 millas, Gibbard sigue un entrenamiento férreo; “intento correr unas 50 millas cada semana, dividiéndolas en tres salidas de entre 8 y 10 millas y una larga, de 20 millas, es decir, de unas tres o cuatro horas. No importa que estemos de tour, sigo entrenando y yendo a carreras”, reconoce Gibbard.

“Lo que más me gusta de correr por la montaña es que te hace ser consciente de lo pequeño que eres. Tienes que procesar el dolor y descubrir por qué estás ahí fuera, corriendo a pesar de él. No puedes mentirte a ti mismo en un ultra” asegura Gibbard.

En este tiempo, ya ha podido hacer amistades tan ilustres como Scott Jurek o Krissy Moehl; “Scott es un tipo sólido; hemos corrido varias veces y ver a un atleta de ese calibre desatado es impresionante y a la vez te inspira. Me suele preguntar sobre creatividad, pero yo necesito esperar y coger aliento para poder responderle”.

En la pasada gira que les llevó por Europa, Gibbard pudo salir a disfrutar de algún entrenamiento por las montañas europeas, como en Suiza, aunque cuando están en el extranjero es más difícil poder compaginar el trabajo y el placer.

“Formar parte de una banda de rock es el único trabajo del mundo en el que está bien visto beber cada día. Estaba 15 kilos por encima de mi peso y no dejaba de tomar malas decisiones para mi cuerpo. Una gira es un lugar extraño en el que el comportamiento que llevas suele ser poco sano” relata Gibbard sobre su pasado.

La cinta de correr tuvo un rol importante en su nueva afición; “estaba en un gimnasio y me pregunté si podría correr dos millas. Parecía un objetivo que podría lograr, así que lo intenté y lo logré. Entonces, dos millas se convierten en tres y luego en cuatro…”.

El trail, en cambio, tardaría algo más en llegar a su vida; “fue después de un maratón en Los Angeles. íbamos a salir de gira y no estaba como para poder correr otro maratón, y encontré una carrera de 30 kilómetros. El llegar, con mis zapatillas de asfalto, vi que no había carretera. Un tipo me dijo, señalando a lo alto de una montaña, que teníamos que subir hasta allí”.

“Reconozco que nunca me habría imaginado convertirme en corredor de este tipo de distancias. Era algo que me parecía cosa de lunáticos y ni siquiera sabía que había carreras más largas que un maratón. Ahora, en la actualidad, no podría imaginar mi vida sin correr”.

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