Mi Megarace 1.001 km

El suizo, afincado en Andalucía, relata cómo vivió la carrera más larga del planeta, en la que se hizo con la medalla de plata.

Author: Simon Gfeller | No hay comentarios | Compartir:
Simon Gfeller en The Megarace 2021
Simon Gfeller en The Megarace 2021

Seguramente ya lo sabéis pero la Megarace es una locura, un enorme desafío de carrera que se celebra en Baviera (Alemania) con una distancia de 1.001 km en formato non-stop. Sí, habéis leído bien, no es un trazado por etapas sino un reto de supervivencia en el que tienes 13 días y 15 horas para llegar hasta la línea de meta. Podéis echar los cálculos, salen a unos 75 km por jornada. Eso sí, durante el recorrido tienes 6 bases de vida y 10 avituallamientos para reponer sueño y energías. Al margen de los datos, hay que decir que está permitido llevar un equipo de apoyo pero, como siempre para mí, no era el caso.

En un principio, la carrera estaba programada para el año pasado pasando por Alemania, Checoslovaquia y Austria, pero los motivos obvios la hicieron posponerse a 2021, quedándose solo en el país germano. Como era de esperar, algunos de los corredores inicialmente inscritos no pudieron acudir y es que hasta dos semanas de la cita no nos podían garantizar si realmente se iba a hacer o no. Con esa incertidumbre, fue complicado organizarse bien, tanto a nivel de entrenamiento como de logística del viaje.

Pero bueno, por fin llegamos a Baviera. Tocaba organizar el material (ropa de recambio, comida…) para dejarlo en dos bolsas que la organización te llevaría a las bases de vida, situadas cada 160-170 km. El resto de lo que necesitaras, lo tendrías que llevar encima (o dejárselo al equipo de apoyo el que lo tenía). Es cierto que de vez en cuando también pasábamos por pueblos con tiendas, aunque muchas veces era de noche o estaban cerradas por la pandemia.

«De los 1.001 km de Megarace, podría escribir un libro»

Si de un ultratrail de fin de semana, ya se puede decir bastante, de los 1.001 km de Megarace, podría escribir un libro. Son muchos días y noches de carrera. Los primeros pasaron rápidos, pero poco a poco se empezaba a notar el desgaste físico y mental, especialmente si, como yo, no duermes nada en las primeras 48 horas. Así que el tercer día decidí parar en una base de vida durante 1,5h. ¡Ropa nueva, comida y adelante!

Recuerdo que los días se me empezaron a hacer cada vez más largos y las noches, interminables, además la escarcha de la hierba alta se te colaba en los pies, aumentando el riesgo de rozaduras. Y así fui encadenando kilómetros, con algunas pequeñas siestas en avituallamientos y con unos pies cada vez más maltrechos. Había que drenar las ampollas y poner vendaje.

La mente tampoco funcionaba bien. Me costaba concentrarme e interpretar el GPS, la privación de sueño me estaba pasando factura, además del agotamiento general. ¡Nunca había tenido tantas alucinaciones! Había momentos en los que no sabía qué hacía, ni a dónde me tenía que dirigir. En algunas ocasiones llegué a correr en dirección contraria.

«La organización valoró mi estado y decidió que me tendría que quedar 12 horas en la base de vida»

El km 680 fue clave. La organización valoró mi estado y decidió que me tendría que quedar 12 horas en la base de vida, por lo que aproveché para dormir y comer, mientras varios de mis rivales me adelantaban. No pasaba nada, necesitaba resetear cuerpo y mente.

Salir de allí fue duro, me dolía todo, pero me notaba mucho más lúcido para seguir tachando tramos. Ahora sí, los pies no se recuperaban tan rápido. En cada base había que curarlos y volverlos a vendar, era la única manera de llegar hasta la meta. No fue hasta la última base de vida en Marktredwitz, cuando empecé a creerme que la podía terminar. ¡Solo me quedaban 160 km hasta la gloriosa meta! Allí volví a descansar unas cuantas horas, pues era de noche, y al día siguiente intentaría ir a por el final.

Obviamente me quedaba una última noche que intenté hacer sin paradas, pero el sueño y el cansancio acumulado me hicieron sucumbir a las 04:00 horas de la madrugada. Saqué mi manta térmica y me eché a pie de sendero. Lo peor de esas siestas es el despertar. Con mucho frío y los pies mojados, tienes que arrancar otra vez. Hay que tener mucha fuerza de voluntad para continuar en momentos así, pero yo estaba ya muy cerca y tenía muchas ganas tremendas de llegar.

«Hay gran parte del recorrido que no recuerdo»

Tengo que decir, aunque a algunos les pueda parecer una estupidez, que hay gran parte del recorrido que no recuerdo. Tengo un blackout sobre todo en la segunda mitad. Y es que al estar tan agotado uno no capta las imágenes, no se fija en los detalles y todo pasa como si fuera un sueño. A parte de que literalmente cuesta mucho mantener los ojos abiertos.

Me quedaban ya unos pocos kilómetros, podía ver Gütenland, ese pequeño pueblo donde estaba la meta, y las sensaciones son imposibles de describir. No me lo podía creer. Contaba los minutos para llegar al final, cuando el organizador se me unió con la bicicleta, para felicitarme y darme los últimos ánimos.

Por fin llegué. Me tiré al suelo nada mas cruzar la meta y pensé «hoy no voy a correr ni un metro mas, quiero descansar, necesito asimilar todo lo vivido durante esos 1.000 kilometros. Finalmente fueron 266 horas de carrera, algo más de 11 días. ¡Que brutalidad! ¡Que barbaridad! Muchas veces me pregunto a mí mismo cómo he sido capaz de hacer una cosa así. Además, acabé en el segundo puesto de la general, detrás del merecido ganador Lazlo Barta, quien llegó varias horas antes que yo a la meta.

Desde que comencé a correr carreras extremas siempre quise hacer un ultratrail de cuatro cifras. ¡Y lo he hecho ahora! ¡Estoy inmensamente feliz! ¡A fijarnos en el siguiente reto!

AUDENTES FORTUNA IUVAT

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