La Western States 100 abre la puerta del ultratrail a las personas trans

La prueba decana del ultratrail supera las directrices del Comité Olímpico Internacional para “alentar la participación de los corredores transgénero” en sus 100 millas.

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Austin Twietmeyer en la Western States 100 2018
Austin Twietmeyer en la Western States 100 2018   Luis Escobar

La Western States Endurance Run lanzó el pasado viernes su nueva normativa para facilitar la participación de los transgénero, personas que nacen con un sexo distinto al de su identidad de género. Con ella pretende “garantizar prácticas justas e inclusivas que respeten sus derechos personales y su dignidad, al mismo tiempo que se  preserva la integridad de la competición”.

La organización que dirige Craig Thornley, que en su última edición ya mejoró las condiciones de participación de las mujeres embarazadas, ha sido la primera carrera por montaña a nivel mundial en regular la participación de hombres y mujeres trans.

La nueva regla

La madre de todos los ultratrails ha establecido que una mujer transgénero (mujer asignada como varón al nacer debido a sus genitales masculinos) podrá inscribirse en la categoría femenina siempre que “haya estado recibiendo un tratamiento hormonal continuo y supervisado por un médico durante al menos un año antes”. No hay restricciones en el caso de que los hombres transgénero (hombres con genitales femeninos).

El sexo declarado por el propio corredor en la inscripción de la WSER será totalmente válido y “solo se permitirán alegaciones en el top10 final o entre los vencedores de cada categoría de edad”. En ese caso, la dirección de carrera podrá solicitar al corredor la documentación médica que certifique que se ha sometido a un tratamiento hormonal continuo y con supervisión en el plazo antes citado de 12 meses.

Contexto histórico

Históricamente las grandes instituciones deportivas como el Comité Olímpico Internacional (COI) o la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) han certificado la feminidad de las competidoras por diferentes métodos. Hasta 1966 debían posar desnudas delante de un grupo de ginecólogos para conseguir la aprobación. A partir de los JJ.OO. de México ‘68 se empezó a aplicar el método cromosómico, pero el caso de la velocista polaca Ewa Klobukowska puso en evidencia el excesivo margen de error de este tipo de pruebas, por lo que el COI se vio obligado a modificar las políticas de verificación de género.

1977 marcó el primer punto de inflexión. Un tribunal reconoció que la tenista transexual Renée Richars, reconocida como mujer por el Estado de California (EE.UU.) tras operarse, tenía derecho a competir en la categoría femenina sin someterse a más pruebas. La regla tardaría 27 años en ser integrada por el COI.

El último avance en la normalización de los transgénero en el deporte llegó en 2016, cuando se omitió la cirugía de reasignación de sexo. Actualmente la exigencia olímpica para los deportistas que transitan de un género a otro es de un año de tratamiento hormonal y en el caso de las mujeres, tienen que notificarlo previamente y mantener sus niveles de testosterona por debajo de 10 nmol/L durante un año antes de la competición. Es posible que estos niveles se modifiquen de cara a las Olimpiadas de Tokio 2020.

Controversia respecto a la testosterona

La decisión de la WSER100, igual que la del COI en su momento, ha sido aplaudida y criticada a partes iguales. El principal argumento de los que se oponen es la mayor cantidad de testosterona que producen los hombres y que, a pesar de que se reduce con los tratamientos hormonales, sigue siendo mayor en las mujeres tras que en las denominadas cis, en las que su sexo coincide con su identidad de género.

Históricamente se ha asociado este mayor nivel de la hormona masculina con un mayor rendimiento deportivo, pero este efecto está cada vez más matizado por estudios médicos y cuestionado por tribunales deportivos. En 2015 el Tribunal Arbitral del Deporte declaró nula la reglamentación que la Federación Internacional de Atletismo estableció a raíz del caso de la sudafricana Caster Semenya, la campeona del mundo de 800 m en Berlín 2009 a la que se obligó posteriormente a un tratamiento hormonal para reducir su producción de testosterona.

Ante este panorama, y en un deporte como el ultrarunning en el que las diferencias entre mujeres y hombres no son tan evidentes, la organización de la WSER100 ha decidido apostar fuerte por la inclusión de las personas transgénero, omitiendo las mediciones de testosterona.

Puedes consultar la normativa sobre los atletas transgénero en la Western States 2019 aquí.

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