TRAIL RUNNING

El curioso caso del Kilómetro Vertical

En pleno auge de las carreras por montaña en todo el mundo, la disciplina de las carreras verticales sigue siendo la que menos interés suscita entre los aficionados. Su estancamiento coincide con el mayor crecimiento de las carreras de ultra trail.

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Subida del Kilómetro vertical Peñalara 2011
Subida del Kilómetro vertical Peñalara 2011

El mantra de que las carreras por montaña es un deporte que vive un crecimiento imparable lleva ya varios años instalado en el imaginario colectivo de corredores, organizadores, marcas deportivas o patrocinadores. El aumento de número de participantes y competiciones no admite dudas, aunque no todas las disciplinas gozan de la misma salud.

Es el caso de los Kilómetros Verticales, las carreras más cortas y explosivas dentro del mundo del trail running, que no siguen el ritmo a sus hermanas mayores. Si las pruebas de 20 o más kilómetros siguen creciendo en todos los sentidos, los ultra trail son cada vez más solicitados y las competiciones en las que menos duran las inscripciones.

Entonces, ¿qué pasa para que las carreras verticales no susciten tanto interés para los aficionados? Lo cierto es que es complicado encontrar una sola explicación para ello y, como en casi todo, parece deberse a un cúmulo de circunstancias más que a una razón en concreto.

Goio Larrañaga, responsable de la FEDME para el área de carreras por montaña, apunta que “la baja repercusión económica de la organización de una carrera vertical en un fin de semana” echa para atrás a muchos organizadores a la hora de decidirse a poner en marcha una de estas competiciones.

Uno de los lugares a donde podemos mirar para analizar los datos es a las carreras en las que se celebran tanto distancias largas como pruebas verticales. Un claro ejemplo es Zegama-Aizkorri, que en este 2015 ha puesto en marcha el Kilómetro Vertical para acompañar a la prueba reina.

“En general los verticales en España no tienen ese tirón que tienen otro tipo de carreras; es más, la gente cuanto más “larga y dura” mejor, un tópico» señala Lolo Díez.

Si para el mítico maratón se han recibido más de 5.000 peticiones, para la carrera vertical, que a buen seguro tendrá el mismo fervor de la mítica afición vasca, apenas se han sobrepasado las 500 peticiones, apenas un 10% del interés que genera el considerado maratón de montaña con más nivel del planeta. A pesar de ello, se llenarán con holgura las plazas, para las que habrá que realizar un sorteo.

Uno caso similar es el que se vive en el Alto Sil, una prueba que agota sus plazas en minutos y que, desde hace un par de ediciones, ha incluido una carrera vertical en su programación, la Vertical al Bóveda. Como era de esperar, el interés no ha igualado al de la prueba larga en estos años.

Aun así, y tal y como afirma Goio Larrañaga, “los kilómetros verticales que se celebran bajo el paraguas de otras pruebas son los que mejor aguantan el tipo. Con esto consiguen dos objetivos: rentabilizar los gastos de organización del fin de semana con la carrera del domingo y tener una ocupación de corredores todo el fin de semana en el pueblo o zona de la carrera”.

El organizador del Alto Sil, Lolo Díez, apunta en este sentido que “en general los verticales en España no tienen ese tirón que tienen otro tipo de carreras; es más, la gente cuanto más “larga y dura” mejor, un tópico. Pero en mi opinión, un buen vertical es mucho más duro y agónico que otras cosas. Personalmente, a mí me gusta tanto un vertical como un ultra”.

Otro de los factores podría apuntar al precio de estas carreras, con un coste proporcionalmente mucho mayor para el aficionado. Y es que, si calculamos el precio por kilómetros, una carrera vertical puede salir entre 3 y más de 10 euros por kilómetro, dependiendo de la competición en concreto que estudiemos, mientras que el resto de carreras se mueve en un ratio de entre 1 y 1,5 euros por kilómetro.

«Imagínate si Zegama se planteara que los que corren la vertical tuvieran dorsal para la carrera en línea; entonces no tendrían 600 si no que tendrían 6.000″

Un claro ejemplo de esto podríamos verlo en el Kilómetro Vertical de la Transvulcania; y es que la carrera larga, de 73 kilómetros, cuesta 90 euros, a poco más de un euro por kilómetro, mientras que el kilómetro vertical, de 6 kilómetros, cuesta 60 euros, a casi 10 por cada kilómetro recorrido.

Por otro lado, el auge de los ultra trail ha podido hacer mella en este tipo de carreras; la tendencia de los corredores de montaña es ir progresivamente aumentando la distancia de las carreras que disputan y, en esa tendencia, las carreras verticales no tienen apenas cabida, ya que ni siquiera se contemplan como un buen entrenamiento, como puede ocurrir con carreras de entre 20 y 42 kilómetros.

Asimismo, entre los corredores de élite, todos parecen encaminados también al mundo de la larga distancia. Es normal que con el paso de los años, el rendimiento en estas carreras sea cada vez menor, mientras que no ocurre así con los ultras, en los que gran parte de los mejores corredores del mundo superan la treintena.

Además, las carreras verticales se ven como un coto casi cerrado para auténticos especialistas en este tipo de condiciones. De esta manera, atletas como Urban Zemmer, Laura Orgué, Saúl Padua o los hermanos Dematteis compiten casi en exclusiva en este tipo de carreras. Pocos son los que, como Kilian Jornet, disputan carreras verticales y son igual de competitivos que en el resto de distancias.

De ahí que el tirón de los grandes corredores no sea tan grande en los kilómetros verticales como en las carreras de ultra trail, donde se agrupan las grandes estrellas del ultra trail nacional e internacional: Iker Karrera, Tófolk Castanyer, Nuria Picas, François D’Haene, Julien Chorier, Anna Frost o Emelie Forsberg son un claro ejemplo de ello.

«A la prueba vertical de Zegama se han preinscrito 600 corredores; eso sí es mucho más rentable que organizar una ultra, porque tanto los gastos, como los esfuerzos organizativos, son muchísimo menores» señala Goio Larrañaga

Por tanto, las carreras verticales carecen de esa ayuda que supone el hecho de ver a grandes nombres logrando las gestas. Y es que, incluso cuando la presencia de corredores de montaña en la prensa generalista es muy escasa, cuando salen son por carreras o actividades que implican recorrer cientos de kilómetros. Las estrellas son las que promocionan un deporte y, de momento, hay muy pocas en el mundo de las carreras verticales.

Mención aparte merecen los corredores de Estados Unidos, ya que en aquel país, cuna del trail moderno, no existían este tipo de carreras hasta hace un par de años. La llegada de las competiciones oficiales de Skyrunning ha conseguido que se celebran las primeras carreras de este tipo en suelo yanqui, donde lo ultra es una auténtica religión y la gran tendencia del trail desde la década de los 60.

Entonces, ¿qué se puede hacer para relanzar las carreras verticales? Goio Larrañaga apunta a Zegama-Aizkorri; “A la prueba vertical de Zegama se han preinscrito 600 corredores; eso sí es mucho más rentable que organizar una ultra, porque tanto los gastos, como los esfuerzos organizativos, son muchísimo menores que en cualquier otra modalidad, pero nunca he visto una vertical con 600 corredores”.

“La forma de potenciarlo podría ser poniendo otra carrera el domingo, o dando fantásticos regalos para todos los corredores; o imagínate si Zegama se planteara que los que corren la vertical tuvieran dorsal para la carrera en línea; entonces no tendrían 600 si no que tendrían 6.000 como han tenido en línea”.

Según Larrañaga, “la baja repercusión económica de la organización de una carrera vertical en un fin de semana” echa para atrás a muchos organizadores.

“Si un organizador pudiera hacer que las carreras que venden las inscripciones en 20 minutos dieran la posibilidad de conseguir dorsales por competir en la prueba vertical, seguro que muchísimos corredores se inscribirían en ellas, solamente para tener la posibilidad de conseguir dorsal en esa carrera que quieren correr y no pueden por no conseguir dorsal” propone Larrañaga, que finaliza apuntando que “seguro que habrá otros métodos, pero siempre serán ideas e iniciativas de los organizadores”.


Debido a este cúmulo de circunstancias, y seguro que a otras que no alcanzamos a ver, las carreras verticales no acaban de arrancar en la misma medida que sus hermanas mayores. Quién sabe si en el futuro esta tendencia se invierta y sean estas carreras las que ganen en participación a las de más distancia. Sería la vida al revés, como en El Curioso caso de Benjamin Button, aunque de momento nos tengamos que conformar con el curioso caso de los kilómetros verticales.


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3 comentarios
  1. Matemática pura: A más kilómetros más pasta para la empresa organizadora del evento en terreno pùblico, parque natural o nacional. Por qu? no más facilidades para los clubes y más restricciones para el Ibes 35 alpino de las marcas comerciales y empresas buitre que utilizan los escenarios naturales, de todos, sin dejar más rédito que unas fotos en prensa de su marca patrocinadora. Publicidad por la patilla.

  2. Creo que principalmente se debe al tema económico, no solo por el precio del dorsal, si no el trayecto hasta la localidad donde se celebre, y además el tiempo que necesite para llegar y luego volver claro, teniendo en cuenta que es una carrera muy corta. Todos sumado hace que no sea atractivo, o no valga la pena el dinero y tiempo.

  3. Un KMV no tiene tanta participación como un Ultra porque en 5 kilómetros es imposible meter a mil corredores sin formar un tapón de principio a fin. Mientras que en un Ultra de 100 km puedes meter a todos los que quieras, cuantos más mejor para hacer caja, que por lo que parece es lo importante. Hay demasiadas empresas privadas utilizando terreno protegido público para hacer negocio. Con los Clubes el superavit no es tan imprescindible pues son entidades sin ánimo de lucro.

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