El domingo de Pascua tiene pocas excusas para no correr en el Ariège. Una de ellas, sin duda, es el Trail des Citadelles, que cada año convierte Lavelanet en el epicentro del trail regional y se va de las manos en el mejor sentido posible: cerca de 3.000 dorsales repartidos entre sus distintas distancias, agotados edición tras edición antes de que llegue el día.
Este año no fue distinto. El domingo de Semana Santa, los caminos del Ariège volvieron a llenarse de corredores (y de barro) que eligieron este rincón del Pirineo francés —a un suspiro de Andorra y de la frontera española— para darlo todo. Cinco distancias: 73, 58, 42, 26 y 10 kilómetros. Algo para cada pierna, cada cabeza y cada nivel de sufrimiento voluntario.
Un recorrido con ADN propio
Lo que hace especial al Trail des Citadelles no es solo el paisaje, que ya tiene mérito por sí solo. Es que la carrera pasa por donde tiene que pasar. El Castillo de Montségur y el de Roquefixade dan nombre y sentido a una prueba que lleva el territorio en el ADN. No son decorados: los corredores los coronan, los rodean, se quedan mirándolos dos segundos mientras intentan recuperar el aliento. El trail cátaro y templario no es un eslogan de marketing, es literalmente el recorrido.
Los trazados combinan tramos técnicos de montaña con secciones más rodadas, lo que explica por qué el Ariège acoge cerca de 50 pruebas anuales con perfiles muy distintos. Cuanto más te acercas al Pirineo, más exige el terreno. El Trail des Citadelles sabe moverse entre esos dos mundos: no es una carrera exclusivamente para especialistas en terreno técnico, pero tampoco se deja llevar fácilmente. El marcaje es sólido, las animaciones durante el recorrido tienen la temperatura justa (calor ayer), y el avituallamiento post-meta hace lo que tiene que hacer: que uno llegue al final y no se arrepienta de haber salido.
De camino a la Transvulcania: Lavelanet como escenario inesperado
Blandine d’Hirondel y Virginia Pérez no venían al Trail des Citadelles a protagonizar nada en particular. Venían a rodar, a sumar kilómetros de calidad, a seguir construyendo la forma de cara a la Transvulcania. Pero el trail no entiende de planes y Lavelanet se convirtió sin querer en mucho más que un test.
D’Hirondel cruzó la meta primera en categoría femenina y segunda en la clasificación absoluta entre más de 700 corredores. No hace falta añadir mucho más. Se encuentra posiblemente en el mejor momento de forma de su vida, y posiblemente así sea. Veremos quizá la futura campeona de Transvulcania 2026.
Virginia Pérez llegó 12ª de la general y segunda fémina. Hacía 7 meses que no la veíamos con un dorsal, lesiones y problemas físicos la tenían apartada. Su camino hacia la Palma comienza a tomar sentido.
Wiebke Rübke cerró el trío internacional en el puesto 17 absoluto y tercera femenina. Tres corredoras, tres referencias, y una carrera que sin pretenderlo acabó siendo un escaparate de primer nivel.
Pero ojo, que no es algo anecdótico. Luis Alberto Hernando, Iker Karrera o Silvia Trigueros, ya han pasado por aqui y han dejado su huella en el pasado. Con el mismo fin, competir antes de las citas clave de sus calendarios. Ya sea una Zegama Aizkorri, Transvulcania o en el caso de Trigueros encarar alguna de sus «locuras kilométricas», el Trail Citadelles, está muy presente en estos casos.
Que el Trail des Citadelles congregue este perfil de participación internacional dice algo sobre la reputación que lleva años construyendo sin hacer ruido. No hace falta ser el UTMB para atraer talento. A veces basta con tener buen recorrido, buen ambiente y la fecha perfecta, ¡apunten esto organizadores!
Semana Santa en el Ariège: una cita fija
Hay carreras que funcionan por inercia, y hay carreras que se han ganado su lugar. El Trail des Citadelles es de las segundas. La fecha —siempre el domingo de Semana Santa— le da un carácter de ritual que otros eventos tardan décadas en conseguir. Los que ya la conocen vuelven. Los que llegan por primera vez se preguntan cómo no habían estado antes.
Lavelanet no está en el mapa grande del trail mundial, pero está en el corazón del Ariège, y eso, para quien conoce este departamento, es más que suficiente. Un territorio que mezcla historia catara, alta montaña pirenaica, pueblos pequeños y una cultura del trail muy asentada. El Trail des Citadelles lo recoge todo y lo mete en un dorsal.
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