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DIARIO DE A BORDO

15 días de minimalismo sobre unas zapatillas de Trail Running

Llevado a términos de zapatillas de Trail Running el “minimalismo” consiste en utilizar los mínimos materiales posibles para dotar al pie de las mayores sensaciones posibles, aunque muchas veces va en contra de otros factores, como, por ejemplo, la amortiguación. El minimalismo nos invade y todo el mundo se pregunta si es una invención de las casas comerciales o una tendencia con cara y ojos.

Equipo Trailrunning Review - Viernes, 4 de Mayo de 2012 - Actualizado a las 11:57h.

Tacón de la Zapatilla minimalista Merrell Trail Glove
Tacón de la Zapatilla minimalista Merrell Trail Glove (Trailrunningreview)

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El minimalismo no solo afecta a las zapatillas; la tendencia minimalista también concierne a la indumentaria: camisetas, chaquetas, pantalones... o incluso a una filosofía de hacer trail running, donde lo que se pretende es utilizar los mínimos elementos, incluso el acarrear el mínimo agua posible, en contra de todas las teorías escritas sobre la hidratación. De esta forma se pretende un correr “primitivo”, premiando las sensaciones por encima de las comodidades o incluso de las prestaciones. Moda o no, invención comercial o no, el minimalismo es una tendencia real que vale la pena experimentar.

Ya habíamos probado algunos modelos de zapatillas “minimalistas” pero nos habíamos quedado con las ganas de experimentar con alguno durante unos cuantos días seguidos, así que pensamos en hacer una prueba un tanto descabellada haciendo lo que nadie aconseja pero que quizá mucha gente piensa: ponerse unas zapatillas minimalistas y salir a correr un tanto a lo loco. Para ello las zapatillas elegidas fueron unas Merrell Trail Glove. Este es el diario de nuestra experiencia; nuestro diario de a bordo.

Día 1

Me calzo por primera vez las zapatillas. Me sorprende que cuesten tanto de calzarse. Una vez en el pie me quedan como un guante, fijadas, aunque con espacio en los dedos para moverlos muy bien. Lo primero que pienso es: ¿Joder, y con esto tengo que correr?

Me armo de valor y salgo con la intención de hacer unos 11 kilómetros. Pasado el primer kilómetro me empiezan a doler los metatarsos y el talón. ¡Esto no amortigua nada de nada! De momento, de sensaciones minimalistas tan solo siento piedras y más piedras, y de piedras minimalistas nada! Sobre el kilómetro 5 me empiezan a doler las rodillas y toco retirada sin pensármelo mucho, así que solo logro completar unos 6 kilómetros.

Día 2

Hoy no me pongo meta de kilómetros. Arranco con molestias en la planta de los pies en general, aunque especialmente en el talón. Voy incómodo, notando cada paso que doy. Las articulaciones también me avisan de su malestar. Cumplo de nuevo los 6 kilómetros de rigor con más pena que gloria.

Día 3

La sensación es como la de ir por un río con los pies descalzos

Hoy lo he bautizado como "El día del Faquir". Tras salvar ciertos dolores iniciales hoy me ha tocado sentir cada una de las piedras que piso (cuando digo cada una es realmente cada una) en lo más profundo de mi pie. La sensación es como la de ir por un río con los pies descalzos, con esos gritos de dolor que se pronuncian al apoyar cada uno de los pies.
Como nota positiva hay que destacar que en tramos planos y con terreno liso ya no pienso en la zapatilla que calzo e incluso disfruto del Trail. Hoy soy capaz de correr 12 kilómetros.

Día 4

Tengo las plantas de los pies sensibles, doloridas, sobre todo a la altura de los metatarsos. Articulaciones bien, creo. Hoy no hay muchas ganas pero salgo con el ánimo de que me duelan menos los pies. Corro sin pena ni gloria, con más molestias que otra cosa.

Día 5

Al llegar a casa compruebo que me ha salido un chichón en la planta del pie

Quiero probar a correr de noche, sin estar tan pendiente de donde piso, a ver que tal. Soy valiente y salgo con mi frontal, pero enseguida noto que el día del faquir ha vuelto. Al no saber donde pones los pies vas enganchando todas las piedras; piedras que voy notando en las plantas. Pero lo peor está por venir: a falta de poco de acabar mi Trail piso una piedra saliente con el puente de pie derecho, todo mi peso apoyado sobre el canto afilado de una piedra. El dolor me invade, me gana. Al llegar a casa compruebo que me ha salido un chichón en la planta del pie. ¿Pero los chichones no salían en la cabeza?

Voy cojo y casi no me entran mis Teva Forge Pro que utilizo para ir por la calle en los días fríos. Me planteo dejar el reportaje pero creo que, llegados a este punto, seguiré hasta que me rompa o domine esto del minimalismo. Me siento como un torero a quien le ha pillado un toro pero quiere seguir en el ruedo. ¡ Va por ustedes !

Día 6

Me pongo el traje de luces dispuesto a salir al ruedo de nuevo, pero nada más salir me doy cuenta de que va a ser mejor dejarlo, el dolor de la planta del pie me supera. Mañana será otro día.

Noto una precisión extrema en cada pisada que hago, se dónde pisa mi pie y sé que va a pasar

Día 7

La segunda palabra de hoy es “precisión” (la primera sigue siendo “molestias”). Noto una precisión extrema en cada pisada que hago, se dónde pisa mi pie y sé que va a pasar. No quiero decir que tenga mucha tracción (precisamente en terrenos descompuestos no agarran del todo bien) sino exactitud, definición, precisión. Corro dando pasos más cortos de lo normal, entrando siempre que puedo de puntera. En las bajadas debo ir más lento de lo normal ya que no puedo dejar caer el talón, y debo controlar mucho dónde piso. Sobre el kilómetro 12 de salida se me empieza a cargar el gemelo de una manera terrible (en mi vida he tenido problemas de gemelos!) y toco retirada.

Me arrastro, casi literalmente, hasta llegar al cuartel general.

Día 8

Mi gemelo es una bolita de piedra que duele. Imposible salir si quiero seguir con mi reportaje. Me calzo las zapatillas por la mañana y decido llevarlas todo el día por la calle. No me entero que las llevo puestas si no es por el agarre que experimento en la cera de las calles. ¡Genial!

Día 9

Madrugo para seguir con la prueba. Todo funciona bien, aunque con ciertas molestias aún en mi planta del pie y gemelo. Sigo notando las piedras pero ya no me hacen daño (adiós a mi época faquir!). Tan solo cuando apoyo todo mi peso sobre algún canto saliente. Mis articulaciones bien, quizás un poquito más doloridas de lo normal, pero bien. En las subidas voy muy bien, incluso cómodo. En las bajadas sigo teniendo que ir muy lento, viendo bien donde apoyar mi talón.

De nuevo se me carga el gemelo y tengo que tocar retirada. Realmente creo que estoy trabajando otros músculos, o de otra manera, porque noto mis piernas diferentes.

Día 10

Mi gemelo necesita un respiro. ¿Mi gemelo o mi soleo? De cualquier manera solo he podido correr, o arrastrarme, un par de kilómetros. He preferido recogerme pronto por precaución.

Día 11

Después de una gran noche de sueño me calzo mis herramientas y salgo con ánimos renovados. Mis pasos son cada vez más cortos, siempre que puedo apoyando primero la puntera. En subida la técnica funciona a la perfección. En plano también funciona bien pero hay que ser constante y pensar antes de dar cada paso, hasta que al final va saliendo solo. En las bajadas es donde nos cuesta más, sobre todo cuando no son muy pronunciadas, donde cuesta más entrar de puntera.

Día 12

Mis días de faquir son historia definitivamente. Sigo notando las piedras, cada una de ellas si presto atención, pero ya no me molestan. Es el primer día en el que no hay nada que me molesta, ni piedras, ni dolores en los pies, ni molestias en los gemelos... Corro unos 18 kilómetros con normalidad. Por fin creo que he conseguido dominar al minimalismo.

Día 13

Hoy quiero probar las zapatillas por terrenos técnicos rocosos. Me desplazo a una zona que se presta a ello y salgo a por todas. Creo que sobre esta superficie funcionarán muy bien y no me equivoco. Son perfectas! Las zapatillas agarran como lapas, tienen una muy buena tracción, especialmente en la parte más delantera, en el despegue. Y lo que me encanta es la precisión: son precisas, donde quieres pisar allí va tu pie, y no se mueve. Pero lo mejor es que no noto molestias.

Día 14

Y hoy toca terrenos más descompuestos, herbosos. Sobre tierra suelta la zapatilla resbala bastante y es que su taqueado de la suela es de pequeña prominencia. En hierba quizá vayan algo mejor. Me falta hacer la prueba sobre terrenos húmedos, pero no encuentro ningún barrizal. Deduzco que no irán demasiado bien sobre este tipo de superficie.

La sensación es la de llevar un pequeño barco en los pies

Día 15

Hoy he decidido acabar mi prueba con unas clásicas Salomon XT Wings 2 para poder comparar estas zapatillas con las que he utilizado en mis dos semanas pasadas. La sensación es la de llevar un pequeño barco en los pies, pero ... me siguen gustando. Son tan blanditas, tan acolchadas, con tantas protecciones... Por otro lado es cierto que he perdido mucha sensibilidad y precisión, e incluso me molestan un poco en las subidas, donde me sobra tanto material. Noto mucho la parte superior de la zapatilla flexándose en cada paso que doy, me sobra. Incluso hecho en falta ese ajuste perfecto de mis zapatillas minimalistas.

Para la práctica de esta técnica se requiere un aprendizaje, una progresión adecuada, incluso un entreno específico

Conclusión

Comprobado: detrás del muro de los primeros días de práctica del minimalismo hay vida. El test realizado es bastante suicida, me refiero al empezar a correr con unas zapatillas de esta tendencia como si de cualquier otro modelo se tratase. Para la práctica de esta técnica se requiere un aprendizaje, una progresión adecuada, incluso un entreno un tanto específico. Una buena idea es utilizar este tipo de zapatillas como un suplemento a las “normales”. De esta manera también practicaremos otros músculos, otra técnica y acostumbraremos a nuestros pies a cualquier tipo de terreno. Si lo que queremos es pasarnos radicalmente a esta tendencia habrá que pensar en hacer un poco de borrón y cuenta nueva. Una buena idea es hacerlo al empezar una nueva temporada y empezar progresivamente.

Más información: Merrell y Zapatillas_Minimalistas_TrailRunning

 

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