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La pérdida de Stéphane Brosse fue un duro golpe para la comunidad de esquiadores de montaña internacional. El español Marc Pinsach se despide del fallecido Brosse con este texto.
Marc Pinsach - Jueves, 12 de Julio de 2012 - Actualizado a las 08:02h.
En silencio, en el anonimato, con discreción, con clase, con carisma y en las alturas; así es como Stéphane Brosse nos dejó y así es como lo conocí. Creo que Stéphane siempre fue muy amigo de las alturas -físicas y metafóricas- nos dejó literalmente en lo más alto, cerca de los 4000m y en vida siempre se movió en las alturas de la excelencia. La primera imagen que tengo de él es en lo más alto de un pódium y la última -imaginada en mi cabeza- en la cima de la Aiguille de l’Argentière junto a Kilian completando su última gran empresa.
Cuando empecé en el mundo de las carreras de esquí de montaña, hace ya algunos años, Stéphane estaba en su mejor momento como corredor. Para alguien que empezaba él era nuestro ídolo y a pesar de ser un deporte minoritario y alejado de los focos mediáticos esto no privaba que sus fotos empapelaran las agendas y carpetas de algunos jóvenes iluminados por su figura. En las carreras Stéphane era objeto de todas nuestras miradas. En los briefings, pódiums, hoteles o áreas de llegada lo buscábamos para tener una foto o mantener una pequeña charla que nos motivara para seguir adelante con nuestro camino. Durante las carreras girábamos nuestras miradas para ver con qué facilidad subía, pero sobre todo con que facilidad se movía en bajada y en zonas técnicas. Brosse seguramente no era el corredor más fuerte físicamente, pero sí que era el más completo, el más inteligente y el más técnico. Sino no se entiende que pudiera ganar Campeonatos y Copas del Mundo, Pierra Menta, Mezzalama o Patrouille des Glaciers. Seguramente también era esta inteligencia deportiva a la hora de correr y preparar las carreras lo que nos hacia tenerlo como ejemplo. Pero aparte de las razones objetivas (victorias, derrotas, técnica, etc.) que te hacen admirar a un deportista, a un músico o a una persona hay todas aquellas sensaciones sugeridas por las emociones y la irracionalidad de nuestro cuerpo; a esto le llaman carisma y Stéphane sabía lo que era. Brosse se ganaba inconscientemente a la gente con una sonrisa, con buenas palabras y con un savoire faire y un saber estar propio de las personas con una gran calidad humana. No llegué a conocerlo personalmente lo suficiente como para poder juzgar si la imagen que tengo de él en mi cabeza es la real o es fruto de mi imaginación, pero ya me va bien haberme construido esta imagen; es mi Stéphane Brosse. Supongo que cada cual tiene el suyo y quizá es más bonito imaginarse y construirse una imagen a medida que conocer todos los detalles e impurezas que se esconden detrás de un ídolo. Un ídolo es un ídolo y mejor guardar esta imagen platónica, ideal, pura y nada contaminada por lo que pasa en la tierra más allá de la imaginación y el mundo de las ideas.
En 2006 Brosse dejó el mundo de la competición, pero no abandonó las montañas. Seguramente que a partir de este momento las empezó a conocer y disfrutar con más intensidad. Sin el peso del cronometro en la espalda empezó a hacer descensos vertiginosos en los Alpes, como el Nant Blanc en la Aiguille Verte, o grandes travesías non-stop, como la mítica Chamonix-Zermant en 21h. Dios los crea y ellos se juntan y no podía ser de otra manera que las trazas de Kilian y Brosse tarde o temprano se cruzaran. Parece que Kilian haya aprendido de Stéphane su facilidad por subir y bajar montañas más rápido que nadie, pero también parece que haya aprendido de él su saber estar con la gente, su carisma y su ejemplo para los jóvenes. Viendo a Kilian siempre veremos una parte de Brosse, en la persona de Kilian Stéphane siempre estará vivo. Parece como si Stéphane y Kilian se buscaran para juntar sus talentos y revolucionar el esquí de montaña y el alpinismo. Quizá Stéphane buscara alguien que le tomara el relevo al que por fin le ha encontrado el relevista perfecto. En la Aiguille de l’Argentière Brosse pasó el relevo a Kilian. Ahora es Kilian quien soñará trazas imposibles en las montañas con el savoir faire y el saber estar de Stéphane.
Brosse abandonó el mundo de la competición por todo lo alto ganado y haciendo record en la Patrouille des Glaciers. Ha abandonado el mundo de los hombres en lo más alto, cerca de las estrellas, a 4000m metros y completando una empresa solamente realizable por los más grandes. Esté donde esté Brosse sigue caminado en las alturas, con los más grandes, cerca de las estrellas, porque aunque él no lo supiera, para nosotros también era una estrella.
Marc Pinsach Rubirola
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